Crítica “Munich”


La película se plantea como una ficción histórica sobre los acontecimientos que tuvieron lugar durante la celebración de los Juegos Olímpicos de 1972, en el que un grupo terrorista palestino llamado “Septiembre negro” entró en la villa olímpica y mató a miembros de equipo israelí y se hizo con otros nueve rehenes. Tras la matanza en el aeropuerto, la represalia del gobierno israelí no se dejó esperar.
Que sorprende, de eso no hay duda. Un director de origen judío, que ha participado como productor de toda una variada producción de documentales sobre la persecución de los judíos en la II Guerra Mundial (Last Days, A Holocaust szemei, The Lost Children of Berlin) y que ha realizado “La Lista de Schindler”, uno no puede evitar llegar a pensar que tiene un puntito de sionista, o que a buen seguro que toda la tesis de la película está a favor de la postura israelí. Pues no, por eso les digo que hay que acercarse a este relato con la mente muy, y repito muy abierta.
Lo acontecido realmente en aquellas trágicas horas de 1972, nadie lo sabe y creo que nadie va a venir a decírnoslo. Sabiamente Spielberg no se plantea resolver nada. Por eso, genera un eficaz thriller que, además de entretener, que en eso ha dado sobradas muestras de ser un genio, pretende generar un espacio para el diálogo sobre el terrorismo, realizando un aviso para navegantes con el plano final, que no les quiero desvelar, pero que me parece muy inteligente tras haber visionado todo el metraje. Él y los guionistas elaboran toda una serie puntos de partida para la discusión, como a dónde nos puede llevar los fundamentalismos religiosos o lo fácil que es esconderse en la ignorancia para que te den resueltas las cosas. En este inteligente relato no hay vencedores ni vencidos, sólo hay víctimas de variada índole. El precio de la paz, a veces puede ser muy caro, que se lo cuenten a Aznar o a Bush.
Memorable, inteligente, curiosa, genial y sutil, es la escena del descansillo, sus hábiles guionistas generan un ficticio careo entre el terrorista isrealí y el palestino, tras hablar llegan a pensar y anhelar lo mismo.
Spielberg, a la hora de construir el reparto, ha huido de elegir grandes estrellas para que protagonicen la trama, para ello escoge a un ramillete de excelentes secundarios, así pues todos les sonarán de haberlos visto antes pero no recordarán de dónde, con el fin de ganar en verosimilitud. No puedo evitar destacar la labor de Eric Bana, al que todos recordaréis por su recreación de Hector en “TROYA”, dando vida al líder del grupo contraterrorista. Mathieu Kassovitz, famoso director de “EL ODIO”, que está formidable como el creador de juguetes. Sin olvidar al próximo James Bond, Daniel Craig, que compone a un asesino a sueldo sin el menor escrúpulo o Ciaran Hinds, que hace las veces de limpiador de escenas criminales, al que todos recordaréis por su reciente aparición en la serie “ROMA” dando vida al emperador Julio Cesar; eso sin olvidar a Geoffrey Rush, ganador del Oscar por “SHINE”, que interpreta al enigmático Ephraim.
Pero la veracidad de esta historia es mayor gracias a la formidable recreación artística de la década de los 70, sus vestuarios, coches, mobiliarios, localizaciones, hasta esa fotografía desvaída, de su habitual Janusz Kaminski, que parece como si estuviéramos viendo un álbum de fotos de la época.

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