LOS NIÑOS DE HUANG-SHI

Este otoño llegará a nuestras pantallas de la mano de DeAPlaneta “Los niños de Huang-Shi”. Dirigida por Roger Spottiswoode (James Bond. El mañana nunca muere), está protagonizada por Jonathan Rhys Meyers (Match Point), Radha Mitchell (Melinda y Melinda, Descubriendo Nunca Jamás) y Chow Yun Fat (Tigre y Dragón, Piratas del Caribe: en el fin del mundo). James McManus es el periodista inglés que sacó a la luz la historia de George Hogg tras un viaje a Pekín y ha sido el guionista de la película junto con Jane Hawksley. “Los niños de Huang-Shi” narra la historia de un joven inglés que condujo a una escuela de niños chinos a través de las montañas para ponerles a salvo de la ocupación japonesa. Una maravillosa historia real desconocida fuera de China.

UN HÉROE INGLÉS EN CHINA. UN PADRE PARA “LOS NIÑOS DE HUANG-SHI”
Durante la invasión japonesa en China en los años 40, un joven inglés, George Hogg se encontraba en el país tras terminar sus estudios en Oxford. Estaba dando la vuelta al mundo antes de incorporarse a un trabajo en Londres. Hogg, impresionado por la situación del país, comenzó a trabajar como periodista. Presenció continúas atrocidades y matanzas, y poco a poco desarrolló gran interés en el movimiento cooperativo de la China libre. En 1942, (Hogg ya hablaba mandarín) fue enviado a Huang-Shi, una remota aldea para hacerse cargo de un colegio de niños huérfanos. No había material con que trabajar, el colegio estaba prácticamente abandonado, los niños tenían sarna y apenas podían comer.

Con una voluntad de hierro, Hogg reconstruyó el colegio, organizó la vida escolar, consiguió financiación para comida, sembró huertos y pavimentó canchas de baloncesto. Como si de un digno colegio británico se tratara enseñó y educó a un abandonado y rebelde grupo de huérfanos de guerra chinos.

Desde un principio Hogg rechazó la idea de que los comandantes militares nacionalistas reclutaran a los chicos para luchar contra las fuerzas japonesas. Pero ante la inminente situación, decidió trasladar la escuela a un lugar más seguro donde poner a salvo a los niños: Shandan, una aldea situada a más de 1.100 kilómetros bordeando el desierto de Gobi en la frontera entre Mongolia y El Tibet. Hogg consiguió una flota de carros tirados por mulas y a principios de 1945 ponía en marcha a unos 30 chicos del colegio. Fue el invierno más frío en veinte años. Tormentas de arena, carros que se precipitaron por barrancos…, pero sólo dos chicos perdieron la vida en aquel viaje de diez semanas. Al llegar a Lanzhou, Hogg consiguió 6 viejos camiones para recorrer los últimos 400 kilómetros hasta Shandan. Cuatro meses después había reconstruido un viejo templo y lo había convertido de nuevo en una escuela.

George Hogg contrajo tétano debido a un corte que se hizo jugando al baloncesto con los niños. Murió en julio de 1945 a pesar de los esfuerzos de sus alumnos que hicieron lo imposible por salvarle la vida.
Hogg es una leyenda viva en China y un hombre muy querido y respetado. Algunos de los “niños” viven todavía y se reúnen para honrar al joven inglés a quien le deben la vida

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