SUCESOS EN LA CUARTA FASE

En septiembre de 1974 se estrenó PHASE IV, film dirigido por Saul Bass y producido por Paramount Pictures y Alced Productions. El título se tradujo en España como “SUCESOS EN LA IV FASE”.

La primera vez que vi este film fue con 12 años en el extinto cine Lido de Valencia. Me pareció fascinante e hipnótica. La habré visto desde entonces varias veces y he de reconocer que nunca me ha aburrido. Al revés siempre me ha parecido muy inquietante la propuesta.  

Tras un extraño fenómeno astronómico, ingenieros, místicos y astrónomos de todo el mundo se ponen a estudiar las consecuencias. Pero el efecto pasó inadvertido salvo para un biólogo inglés llamado Ernest D. Hobbs, catedrático del instituto de Colorado. Observa que en un valle de Arizona la hostilidad entre dos especie de hormigas ha cesado, han comenzado a organizarse y de repente sus depredadores habituales desaparecen del entorno, lo que puede dar lugar a un inevitable incremento en la población de hormigas. Por este motivo sugiere construir una estación experimental en el lugar donde se han observado los hechos. Estará dotada de equipo sofisticado. Le acompañará solamente un experto en criptografía, el doctor James R. Lesko del centro oceanográfico de San Diego. Tras desalojar la zona de habitantes dará comienzo el experimento y nos adentraremos en la segunda fase. Los hechos se encadenan con una secuencia lógica.

Construido todo el metraje como un enorme flashback, la acción nos es narrada por uno de los personajes y eso le otorga un carácter apocalíptico, y eso hace que el espectador es consciente de que los hechos son inevitables. Mayo Simon realiza el mejor trabajo de su carrera profesional, ya que es sólido como una roca. Dota a todos los personajes de una gran personalidad, inclusive a las hormigas. No hay fisuras. Estamos ante una trama eminentemente psicológica. Esto hace que este largometraje de ciencia ficción sea un tanto peculiar. Podremos ver que en el juego los observadores son observados. Qué aparentemente unos posee el liderazgo de la situación, pero en la realidad no lo ostentan. Asistiremos a una reacción en cadena, una vez desatada la espiral de violencia. Y en la que como en toda batalla siempre morirán los más inocentes.

Estamos ante un largometraje austero, en el fondo y en la forma. Donde su espectacularidad nace de su propia puesta en escena creada mano a mano entre John Barry y el propio Bass, que es absolutamente minimalista. Por ese motivo es heredera de “La amenaza de Andrómeda” o “Almas de metal”, ambas de Michael Chritchon.  Dominada por ambientes marcadamente geométricos, muy del gusto de su autor. Porque como veremos la geometría jugará un papel importante en la trama.

Saul Bass realiza un gran esfuerzo en hacer algo realmente diferente dentro del campo cinematográfico, y máxime dentro del género. Huye de la espectacularidad de los efectos especiales, para que estos se integren en la trama y jueguen al servicio del largometraje. Pasando inadvertida la gran y sobresaliente labor de Keith Hamshere, que se encargó de fotografiar las escenas de los insectos. Puntuada por el notorio trabajo de Brian Gascoigne, que realiza una partitura dominada por los sintetizadores de la época. Llegando a que el espectador sienta lo que sienten las hormigas, habla por ellas a través de los acordes tan simples como magistrales. Este compositor se haría realmente famoso entre el gran público por haber creado la banda sonora de “La mujer del teniente francés” o “Gosford Park”.

El resultado global es tan curioso como maravilloso. Muchas de sus escenas parecen que están rodadas como si se tratara de un documental. Esto le sirve para crear un paralelismo entre la figura humana y las hormigas, que en solitario puede ser una forma bella de vida, potencialmente indefensa, pero que en masa son devastadoras tanto la una como la otra. Esto nos lleva a que estábamos acostumbrados a ver invasiones desde el espacio exterior, pero que ocurriría si fuera desde dentro. Eso es lo que la hace tan aterradora.

Me gusta que otra especie de nuestro entorno acabe con nosotros, sobre todo porque somos irrespetuosos con el medio ambiente. Ahí es donde la lectura ecológica surge, recordad que está realizada en los setenta, cuando se prohibió el uso indiscriminado de insecticidas como el DDT. En ese aparente desequilibrio de fuerzas, en donde los humanos ostentamos una aparente posición de superioridad, es justo ahí donde el guionista juega su mejor baza. Así la posibilidad de comunicarse, de negociar o de buscar una salida digna a la ecuación se hace una tarea dura y difícil.

Los dos pilares del guión son dos personajes antagónicos interpretados magistralmente por Michael Murphy y Nigel Davenport. A pesar de que los dos son cerebrales, uno de deja llevar por la pasión del experimento, así que se torna absolutamente irracional, máxime cuando está bajo el influjo de la fiebre. Así Hobbs, el biólogo queda como un ser autoritario, insensible, inflexible. Mientras que el otro personaje posee una personalidad más atemperada, es más lógico. Esa racionalidad hará que consiga alcanzar su objetivo de comunicarse con ellas.

Inquietante es la escena de las “torres” de tierra que construyen las hormigas. Pero para mi la secuencia más conmovedora de todo el metraje es donde se demuestra la capacidad de sacrificio de las hormigas, en la escena que van llevando el veneno amarillo a la hormiga reina. Ver cómo van feneciendo una tras otra, es en ese mismo instante cuando como espectador deseas que esa batalla la gane el enemigo.

Saul Bass le ofreció dos papeles secundarios a dos actores míticos dentro del género, así Alan Gifford que interpretó en “2001, una odisea del espacio” al padre de Frank Poole, aquí da vida al granjero el señor Eldridge, y su mujer estará interpretada por la actriz Helen Horton, que pondría la voz a Madre el ordenador central de la Nostromo en “Alien”. 

Otra de sus múltiples curiosidades es que no hay rótulos de crédito iniciales, y eso que el film está dirigido por el gran creador, al que ya le dedicamos un post en su momento, y en el podréis ver su gran trabajo en ese campo. Tendremos que esperar al final del metraje para verlos.

Así esta tragedia apocalíptica está construida en tres actos, cada uno precedido por su respectivo título Fase I, Fase II,  Fase III, y será sólo en ese momento cuando se le revele al espectador el verdadero título de del film, concluyéndolo de una forma totalmente austera, sin música, sólo con el sonido del viento, generando uno de los rótulos de crédito más angustiosos que un servidor haya visto nunca. Y es más, deja un final abierto a la especulación e interpretación del espectador, siendo este el verdadero creador de la cuarta fase.

Estamos pues ante una obra de culto, injustamente olvidada y que merece ser rescatada del olvido, merece ser visionada. La considero una cinta fundamental dentro del género. Que su maestría radica en al planificación de cada escena, la gradación del suspense es digna del gran maestro y la cadena de hechos hacen que el final sea inexorable. Terminaré rescatando uno de los mejores diálogos, concretamente el del oceanógrafo James R. Lesko

 Nos dimos cuenta que nos estaban transformando para que entráramos a formar parte de su mundo. No sabíamos para qué, pero estábamos seguros de que tarde o temprano nos lo dirían.

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2 Respuestas a “SUCESOS EN LA CUARTA FASE

  1. Pues creo que no la he visto, pero cualquiera sabe, porque me resulta tremendamente familiar. Será de haberla oído y visto de referencia en muchos sitios, digitales e impresos. La apunto.

  2. Pingback: Crítica "Fase 7" | Videodromo

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