EL PADRASTRO

El viernes pasado se ha estrenado el primero de la gran oleada que nos llegarán de nuevas versiones sobre grandes clásicos del terror, se llama “EL PADRASTRO”. Este remake nos narra las desventuras del problemático adolescente Michael, que al volver a casa después de un año en una escuela militar, ¡pobrecito! Se encuentra a su madre enamorada del que pronto será su padrastro, David, que se ha mudado a su casa. David dice que quiere formar la familia perfecta. Pero conforme empiezan a conocerse entre ellos, Michael rápidamente se convence de que David está lejos de ser tan perfecto como aparenta. El clásico de 1987 dirigido por Joseph Ruben era el gran Terry O’Quinn, ahora más conocido como John Locke, quien daba vida a este temible padrastro. Por ese motivo envié al gran Victor Guybrush para que os contara si merece o no la pena ver esta nueva versión, yo lo tengo claro, no hay nada como un buen clásico.

La historia de El padrastro se centra en los dos personajes masculinos: por un lado tenemos a Davis Harris, interpretado por Dylan Walsh, un madurito interesante y una especie de hombre perfecto que se dedica a viajar por Estados Unidos seduciendo a madres de familia sin pareja. Cuando éstas, rendidas a sus pies, le abren las puertas de sus casas, no se imaginan que realmente están dejando pasar a un asesino despiadado. Tras finiquitar a una familia en Salt Lake City nuestro amigo se traslada a Portland, Oregon, donde rápidamente se compromete con una madre separada. Poco antes de la boda regresa al hogar el hijo mayor, interpretado por Penn Badgley (Gossip Girl) quien se dará cuenta, mucho antes que su madre, de que su nuevo y apolíneo padre de ojos azules no es trigo limpio.

Como su propio título indica, El padrastro es un sufrimiento total. Funciona bastante bien como película cómica pero de inquietar, aterrar o aportar algo nuevo no hay ni rastro. Es ahora cuando se echan de menos películas como La huérfana, en la que también un nuevo miembro se unía a una familia incompleta (según sus propios miembros) y al final resulta ser peor el remedio que la enfermedad. La película de la adopción sabía crear tensión y motivaba al espectador a quedarse al sorprendente final, cosa que El padrastro no puede o no quiere hacer. La ventaja de este padrastro respecto a los que salen en los dedos es que el dolor dura dos horas como mucho, si no es que huyes de la sala del cine antes.

El padrastro es una película estupenda para todo aquel que quiera tener una referencia sobre cómo no se hacen diálogos si no quieres que tu público se parta la caja en lugar de sentirse intimidado o inquieto en una película sobre un asesino en serie. Algunas de las líneas de esta cinta están a la altura de subproducctos de serie B como Troll 2 o Shark Attack 3: Megalodon por lo que no sería de extrañar que dentro de unos años algún tipo, en el foro más recóndito de Internet, rescate El padrastro como un hito del cine casposo de principios del siglo XXI. Se harán pases especiales en los que cuarenta o cincuenta cinéfilos de Portland, Oregon se dispondrán a disfrutar desde la mofa cada escena de El Padrastro.

Saltarán de la butaca cuando el padrastro saque el tequila y se lo de a su hijastro para ganarselo, gritarán con júbilo cuando Amber Heard hable con teléfono en bragas, con las piernas largas y tersas estupendamente encuadradas en la pantalla (o cuando Penn Badgley vaya sin camiseta por casa), aplaudirán cuando la hermana de la madre intente sacar una sombrilla de la piscina durante una tormenta eléctrica y llorarán de alegría con el desenlace. Se correrá la voz por Internet, se harán montajes con las mejores escenas que se subirán a Youtube para el disfrute de todo aquel que llegue a ellas después de ver el vídeo “Worst Movie Ever” y habrá páginas web (o la evolución lógica de estas, que parecen ser los grupos de facebook) en los que no serás aceptado en el grupo VIP si no te sabes los diálogos al dedillo.

O tal vez no. Tal vez caiga en el olvido y nadie más vuelva a reparar en ella jamás. Tal vez nadie se pregunte por qué el padrastro no sabe desconectar el móvil de sus víctimas y éste sigue sonando en los momentos más inoportunos. Tal vez nadie se pregunte por qué hay gente que puede conducir o casarse sin documento que lo identifique durante años. Ya veremos lo que ocurre de aquí a cinco o diez años pero si alguien me preguntase, no lo dudaría: esta va a ser un clásico de la serie B y protagonizará post en blogs de gafotas con granos (como el mío), quienes recibirán comentarios estilo “guau, tengo que verla, seguro que es la mejor peor película de la historia”. Hasta que eso pase, El padrastro debería haber ido directa a televisión o, mejor todavía, al cubo de la basura.

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5 Respuestas a “EL PADRASTRO

  1. Tenía pinta de ser un truño, la verdad…

  2. Tiene pinta de truño hasta el chaval sale de la piscina y le dice a su novia “me encanta mirarte” y la rubia le responde “por eso somos la pareja perfecta, porque a mí me encanta que me mires” y te das cuenta de que estás ante algo grande, un truño MUY grande pero que con tres o cuatro amigos y algo (fuerte) de beber tiene que convertirse por narices en un entretenimiento muy digno.

  3. joderrrrrr, ya sólo por e nombre se ve que es “cine de calidad”

  4. Ves tú por eso yo nunca quise darle un padrastron a mi hijo jajajaj ¿porque? pasa lo que pasa. Muy buena critica me he reido un monton

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