RIC O’BARRY Y LOUIE PSIHOYOS

Abrimos la semana y mantenemos el tema, queremos seguir hablando del largometraje “THE COVE”. Por eso reproducimos estas dos entrevistas que nos ha facilitado la distribuidora en España.

Ric O’Barry, os comentaba el pasado viernes que lleva años luchando por dar a conocer lo que ocurre en esa cala de Taiji.

P: ¿Se sorprendió cuando Louie decidió tratar de hacer un largometraje documental sobre lo que estaba ocurriendo en la cala?

O’Barry: Me impresionó mucho, porque pensé que podría ser demasiado gráfico. Pero lo más increíble que han logrado Louie y Fisher Stevens es convertirlo en un filme comercial. Es toda una hazaña. Los espectadores se ríen, lloran y salen del cine diciendo: «¿Qué puedo hacer?». Estoy entusiasmado, porque cuanto mas popular sea la película, más impopular será la caza de delfines en Japón, y realmente creo que estamos a punto de poner fin a estas matanzas y, muy posiblemente, a la caza de pequeños cetáceos.

P: Usted empezó como adiestrador de delfines y ahora se opone a mantener a los delfines en cautividad. En la película habla de lo mal que lo pasó cuando murió el delfín Kathy, pero antes de eso, ¿había ya empezado a cuestionarse si era ético lo que estaba haciendo?

O’Barry: Sí, durante el rodaje de «Flipper» ya había empezado a cambiar de opinión, pero en nuestro sector llamamos a eso «ponerse las orejeras». Era joven, tenía un trabajo glamuroso y fácil, y conducía un Porsche. Tras la muerte de Kathy, me quedé destrozado. Ir a Bimini fue un acto propio de alguien que estaba enloqueciendo, en cierto modo, pero también un acto de pura pasión.

P: ¿Qué opina de los adiestradores que acuden a lugares como Taiji con el fin de comprar delfines para espectáculos y acuarios?

O’Barry: Muchos adiestradores se justifican diciendo que es para fines «educativos y de investigación», pero realmente no me entra en la cabeza cómo treinta adiestradores pueden estar en el agua en Taiji con estos animales traumatizados y mirarles a los ojos sabiendo lo que están haciendo. No lo comprendo, en serio. Entiendo por qué lo hacen los pescadores; para ellos es una tradición y creen realmente que no hay diferencia alguna entre un delfín y un pez, aunque pasan por alto el hecho de que la carne de delfín es tóxica. Pero los adiestradores con los que todavía estoy en contacto han encontrado maneras de hacer la vista gorda. Les apetece hablar sobre cómo enseñar nuevas piruetas a los delfines, pero no quieren hablar de las capturas ni las matanzas.

P: A muchas personas les sorprenderá saber que la caza de delfines es legal en Japón. ¿A qué se debe esta legalidad?

O’Barry: Existe cierta prohibición de caza de ballenas, pero no afecta a los delfines y otros pequeños cetáceos. No obstante, es obvio que el tamaño no importa; los delfines son cetáceos y su sufrimiento es el mismo. Lamentablemente, la International Whaling Commission [la Comisión Ballenera Internacional], como puede ver en la película, está muy relajada en sus obligaciones y bajo la influencia de abogados corruptos. Poco ocurre en sus reuniones.

P: Usted también subraya que, al margen de las cuestiones éticas, el riesgo para la salud humana es importante, porque se ha demostrado que la carne de delfín, que todavía se comercializa en Japón, está altamente contaminada con mercurio.

O’Barry: Lo que hemos descubierto es que la carne de delfín es puro veneno. Contiene más mercurio que el pescado que hizo enfermar la ciudad de Minamata, uno de los casos más graves de intoxicación por mercurio de la historia moderna. Pero la población japonesa desconoce estos datos. Esperemos que esta película consiga lo que no han conseguido los periódicos y las televisiones de Japón: hacer público que se ha tenido engañados a los japoneses durante años. Se trata de un auténtico delito, porque la constitución japonesa dice que los ciudadanos tienen derecho a acceder a esta información. Todavía no hay estudios médicos sobre los efectos del consumo de carne de delfín contaminada con mercurio, pero hemos conocido a personas que dicen estar perdiendo la memoria o la audición, y esto es muy preocupante.

P: ¿Qué tiene que ocurrir para que cesen las cazas de delfines?

O’Barry: En primer lugar, hay que tener en cuenta que la industria recreativa en torno los delfines genera 2.000 millones de dólares sólo en EE.UU., y esto es lo que está provocando estas cazas. Pero la solución también debe proceder del interior de Japón, del pueblo japonés. Aun así, me han informado de que la presión exterior, lo que los japoneses denominan gaiatsu, puede ayudar.

P: ¿Qué tipo de gaiatsu podría funcionar?

O’Barry: Boicotear a Japón o los productos japoneses no es una buena idea. Esto no tiene nada que ver con Japón ni con la cultura japonesa. La mayoría de los japoneses con los que he hablado se oponen a la caza de delfines y desconocen por completo la corrupción que ha llevado al Gobierno a permitir que siga vendiéndose carne de delfín contaminada con mercurio. En nuestro sitio web (www.savejapandolphins.org), sugerimos que la gente llame a la embajada japonesa para pedir que se detengan las cazas de delfines. También creemos que EE.UU., en particular el presidente Obama, puede ejercer más presión sobre Japón. Desde Nixon, todos los presidentes estadounidenses se han declarado contrarios a la caza de cetáceos pero nunca han hecho nada al respecto. Han permitido que se mantenga el statu quo. La mayoría de los políticos de EE.UU. no saben que en Japón todos los años tiene lugar la mayor matanza de delfines del mundo, por lo que tenemos la esperanza de que esta película constituya una verdadera llamada de atención.

P: ¿Hará esta película que usted corra todavía más peligro a su regreso a Taiji?

O’Barry: Lo cierto es que no puedo estar más en peligro que ahora. En Taiji tengo que ir disfrazado: incluso he llevado un vestido de mujer, los labios pintados y una peluca para pasar desapercibido. En cuanto te detienen en Japón, te quitan de en medio para siempre, de modo que es crucial que no encuentren motivo alguno para detenerme. Ese es también el motivo por el cual los pescadores nos filman: esperan poder pillar a alguien haciendo algo por lo que la policía podría detenerle. Pero todavía es más peligrosa la yakuza, la mafia japonesa, que está muy implicada en la caza de cetáceos y en la industria pesquera de Japón. En Taiji he empleado mucho tiempo en simplemente tratar de no meterme en problemas. Se trata de un juego del gato y el ratón que no ha terminado.

P: Con todo por lo que ha pasado usted —angustia, prisión, peligro de muerte— al tratar de salvar a los delfines, ¿sigue siendo optimista?

O’Barry: Si le digo la verdad, me resulta muy difícil ver The Cove, no tanto por lo que se ve, sino por lo que no se ve, que es el resto de mi vida: los nacimientos, muertes, celdas de prisión y salas de tribunales que ha habido detrás de lo que aparece en pantalla. Pero no hay nada que me emocione tanto como ver al público ovacionando ocho veces la película en Sundance y conseguir que la gente salte, literalmente, con un: «¿Qué puedo hacer?». El mensaje principal que quiero transmitir es que hay una esperanza real. Creo que es muy posible que podamos cerrar esta cala y, si lo logramos, esto va a ser un gran paso hacia la prohibición de la caza de cetáceos de todo tipo. Aquellos que quieran ayudar, pueden visitar el sitio web http://www.savejapandolphins.org.

Louie Psihoyos, uno de los fotógrafos más solicitados del mundo y uno de los fundadores de la Ocean Preservation Society (http://www.opsociety.org), conoció —o mejor dicho, no conoció— a Ric O’Barry en un congreso de ciencias marinas, en cuya jornada inaugural O’Barry iba a ser uno de los conferenciantes principales.

P: ¿Qué le impulsó a hacer una película sobre Ric O’Barry y su trabajo en Taiji?

Psihoyos: Al principio sentí curiosidad acerca de por qué no se le había permitido hablar en ese congreso. Luego, cuando le encontré, me explicó que iba a hablar sobre una cala secreta de Japón, donde los traficantes de delfines seleccionan a la mayoría de los delfines destinados a delfinarios y parques marinos. Me contó que mataban a los delfines que no elegían y vendían la carne para su consumo en comedores escolares. Para mí era inconcebible una cultura que matara a los delfines, y la siguiente semana Richard me invitó a acompañarle a Taiji, la pequeña población que guarda este gran secreto.

P: ¿Cómo era Taiji?

Psihoyos: El pueblo parecía sacado de una novela de Steven King: externamente todo el pueblo mostraba un profundo respeto y amor por los delfines y las ballenas, pero lo que estaba ocurriendo en la cala secreta componía otra historia que yo estaba decidido a desentrañar. La cala secreta es una fortaleza natural. Está protegida por tres lados por abruptos acantilados. La entrada que hay en un lado está cercada por altas rejas puntiagudas con alambre de espino, y hay otros dos accesos por túnel que están custodiados por guardias y perros. Después de que Richard me enseñara el pueblo, me puse en contacto con la oficina del alcalde y con el sindicato de cazadores de delfines: mi intención era escuchar su versión de la historia y contar la historia de forma legal. De repente me di cuenta de que me estaban siguiendo; me pusieron vigilancia las 24 horas mientras estuve allí. Pero el pueblo no tenía el más mínimo interés en colaborar, estaban ganando demasiado dinero con el comercio de delfines como para arriesgarse a perderlo debido a la presencia de un periodista. El alcalde me advirtió de que podían herirme o matarme si me acercaba demasiado a los cazadores de delfines o a la cala secreta. La cala, por extraño que parezca, está en medio de un Parque Nacional que se encuentra justo en el centro del pueblo, entre el ayuntamiento y el museo de las ballenas. Richard me dijo que para entrar en la cala secreta se necesitaría un cuerpo de élite de la Armada estadounidense, y en cierto modo lo conseguí, pero mi cuadrilla era más bien un equipo del tipo «Ocean’s Eleven».

P: Se trata de un grupo de personas muy ecléctico. ¿Cómo reunió al equipo?

Psihoyos: Recluté a mis amigos Mandy Rae-Cruickshank y Kirk Krack para que nos ayudaran a instalar cámaras submarinas e hidrófonos. Mandy ha sido ocho veces campeona mundial de apnea. Puede contener la respiración durante seis minutos y medio y llegar a una profundidad de hasta 90 metros y volver con su propia fuerza. Su marido, Kirk, es también un experto en buceo libre. Un ex ayudante de fotografía mío había pasado a ser el jefe de producción de moldes en ILM, Industrial Light and Magic, en el departamento 3D de Lucas, y nos ayudaron a crear rocas falsas que nos permitieran esconder cámaras de alta definición y micrófonos. Un experto en electrónica que había formado parte de las Fuerzas Aéreas Canadienses nos ayudó a modificar las cámaras dotadas de disco duro para equiparlas con discos duros de mayor capacidad y alimentarlas con baterías especiales, como las que se utilizan en las expediciones al Everest. También nos ayudó a construir vehículos aéreos no tripulados para poder contar con imágenes y cobertura aéreas: un helicóptero teledirigido con una cámara de alta definición giroestabilizada debajo y un zepelín con cámara teledirigida. Unos amigos piratas de las islas me ayudaron a colocar las cámaras, y muchas noches estuvimos escondidos con ropa de camuflaje y la cara pintada. En muchas ocasiones burlamos a los guardias y a la policía gracias al uso de cámaras térmicas militares de alta definición, que nos permitían detectar movimiento en las colinas, y de toda una serie de estrategias de diversión.

P: ¿Cuáles fueron sus mayores retos durante el rodaje?

Psihoyos: Indudablemente, The Cove no es la típica producción cinematográfica. La mayor parte del trabajo se llevó a cabo en plena noche, de forma encubierta, y nuestro principal reto fue tratar de evitar que nos mataran o que nos detuvieran y nos encarcelaran durante meses. Nos enfrentamos también a otros problemas. Justo después de crear nuestra productora sin ánimo de lucro conocí a Steven Spielberg, que me aconsejó, a raíz de su experiencia en Tiburón, que nunca trabajara en embarcaciones o con animales, porque es muy impredecible y supone un elevado coste. Pues bien, en The Cove utilizamos muchas embarcaciones y tuvimos que trabajar con un montón de animales de gran tamaño poco dispuestos a colaborar. Fue la pesadilla de un director primerizo.

P: ¿Le ha cambiado el hecho de dirigir The Cove?

Psihoyos: He sido vegetariano, o mejor dicho, pescetariano, durante 20 años. Como pescado, pero nada que tenga patas. De hecho, no como ningún tipo de pescado que se encuentre muy arriba en la cadena alimentaria, porque durante el rodaje de esta película averigüé que estoy intoxicado con mercurio, en niveles muy elevados, debido al consumo de superdepredadores, peces que están en la parte más alta de la cadena alimentaria, como atunes, agujas, lubinas estriadas y meros. Mi relación con los animales ha cambiado considerablemente a raíz de esta película. Ahora soy todavía más respetuoso con toda la vida animal, porque en cuanto te percatas de su difícil situación no puedes volver a cerrar el corazón. El cerebro de los delfines es de mayores dimensiones que el de los humanos, tiene más pliegues para las neuronas. Estos mamíferos tienen un sexto sentido, un sónar, y, que se sepa, son los únicos animales salvajes que acuden a rescatar a los humanos. Son legendarios por sus extraordinarias hazañas compasivas desde que el hombre ha tenido la capacidad de escribir. Siempre han acudido a rescatarnos, y pienso que ya era hora de que alguien intentara rescatarlos a ellos.

P: ¿Qué es lo más sorprendente que ha descubierto al dirigir esta película?

Psihoyos: Que en Japón se oculta de forma sistemática información relativa a la contaminación por mercurio y a la caza de delfines. Los japoneses confían en el Gobierno, pero el Gobierno no quiere que conozcan cierta información básica que concierne a la salud pública, en particular que la contaminación de la carne de delfín es muchas veces superior a lo que las normas sanitarias del país permiten. La corrupción abunda y hay gente que se aprovecha de esta desinformación.

P: ¿Ha habido algún progreso desde que se marchó de Taiji?

Psihoyos: Antes, la carne de delfín formaba parte de los menús de los comedores escolares del país. Esto ha dejado de ser así este año. Ric O’Barry y nuestra organización, la Ocean Preservation Society, han contribuido a ello. El trabajo que realizamos con un experto en toxicidad finalmente llegó a varios concejales de Taiji que tenían hijos en edad escolar y que realizaron sus propios análisis de carne de delfín. Estos análisis confirmaron nuestros resultados. Los niños de toda la prefectura de Wakamaya ya no comen carne de delfín contaminada en los comedores escolares. A raíz de esto, se ha destituido al director del Departamento de Pesca nipón, Hideki Moronuki, que había fijado los cupos para la caza de delfines, marsopas y ballenas. Pero la caza de delfines continúa. Tenemos la esperanza de que el año que viene, en cuanto la población japonesa conozca los hechos, habrá una mayor concienciación y esto pondrá fin a los ataques contra los delfines.

P: ¿Puede hablarnos un poco más sobre la Oceanic Preservation Society y cómo se creó?

Psihoyos: El fundador de la Oceanic Preservation Society es el inventor y ángel inversor Jim Clark, un Zelig de nuestros días que creó tres empresas pioneras de la nada. Trabajó duro para salir de la pobreza, y en la universidad participó en el desarrollo de los sistemas informáticos que mandaron al hombre a la Luna. Durante el tiempo que trabajó como profesor en la Universidad de Stanford, inventó el primer chip para motores gráficos 3D, que comercializó con Silicon Graphics, y también el primer navegador comercial de Internet, con Netscape. Tras descubrir que tenía una enfermedad sanguínea poco común, creó WebMd, un portal que permite a médicos y pacientes acceder a la información médica y sanitaria más reciente. Ha estado al frente de la innovación toda su vida, y ha sido además un ferviente submarinista y navegante. Como tal, ha viajado a los arrecifes más bien conservados del mundo, pero a lo largo de su vida también ha presenciado el progresivo deterioro de los océanos. Fundó la OPS con el fin de producir películas e imágenes que fomenten la concienciación acerca de la problemática de los océanos, que también constituye un riesgo para la humanidad puesto que el 70% de las proteínas que consumimos procede del pescado y el marisco, un alimento cada vez más escaso y contaminado.

P: ¿Cómo espera que influya The Cove en los espectadores?

Psihoyos: En primer lugar, espero que la gente deje de llevar a sus hijos a delfinarios y parques marinos donde hay espectáculos de delfines y se ofrece la posibilidad de nadar con ellos: hacer que unos animales tan sensibles e inteligentes realicen piruetas estúpidas para divertirnos no es precisamente la mejor manera de educar a nuestros hijos. En segundo lugar, espero que los japoneses dejen de matar delfines para consumir su carne. Dejando de lado los motivos éticos, toda la carne de delfín es tóxica y no es adecuada para el consumo humano o animal. En tercer lugar, si los delfines y las ballenas están contaminados es principalmente debido al vertido al mar de productos tóxicos derivados de la actividad humana. El uso de combustibles fósiles, en particular el carbón, es una de las principales causas de la acumulación de mercurio en el entorno, de modo que es importante buscar alternativas al carbón si queremos salvar los océanos. En la sede de la OPS, por ejemplo, disponemos de 117 placas solares que ahora generan el 140% de nuestras necesidades energéticas; y tenemos dos vehículos eléctricos que funcionan exclusivamente con energía solar. Todo el mundo puede ayudar con medidas similares.

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