JACO VAN DORMAEL

Dedicado a Miss Darko

El realizador belga visitó nuestro país hace una semana para presentarnos su nuevo, esperado y maravilloso trabajo “Las vidas posibles de Mr Nobody”, que se estrena mañana viernes. Suyos son “El Octavo Día” o “Toto, el Héroe”. Tras nueve años en el pasado festival Sitges pasó este film y se alzó con muy buenas críticas, pero mi estimada lectora Miss Darko le produjo este largometraje sensaciones contradictorias, por eso le dedico esta entrevista a ver si sale de esa contradicción. 

ENTREVISTA JACO VAN DORMAEL

¿Por qué ha tardado tanto en volver a rodar?
JVD: Me he dedicado a vivir y a escribir. Desde luego, nunca creí que esta película me llevaría tanto tiempo. Pero mientras más escribía, más ganas tenía de escribir. Hasta que no me sentía totalmente satisfecho, seguía buscando pistas. Puede que sea un monomaniaco compulsivo. Al final, el guión me ha llevado siete años. He trabajado todo los días de 10 a 15.30, la hora en la que mis hijos volvían de colegio. La ventaja es que escribir es totalmente compatible con la vida familiar. No tenía ninguna presión. En el cine, una película que tiene cinco años es una película antigua. Así que es bastante cómodo saber que ya ha pasado tu tiempo. ¿Cuál es el punto de partida de Mr. Nobody?
JVD: Mr. Nobody es una película sobre la complejidad. La dificultad es hablar de la complejidad a través de un medio que tiene tendencia a la simplificación. También es una película sobre la vida. Mientras que en el cine todas las escenas son indispensables y todo converge hacia el final, mi vida, por el contrario, está llena de agujeros, de casualidades, de escenas inútiles, y discurre inevitablemente hacia la muerte. Esa es su grandeza. Es una película sobre la duda. Pero puede que me equivoque… Pero sobre todo es una película sobre la elección. Cuando elegimos, ¿qué parte se debe a la casualidad? ¿Por qué elegimos una cosa en vez de otra? ¿Qué hace que nuestra vida sea lo que es? ¿Qué parte juega la elección y qué parte juega una multitud de pequeñas causas que desconocemos? ¿Es posible que un desconocido en la otra punta del planeta, al cocerse un huevo, haya cambiado nuestra vida sin saberlo? Cuando estoy locamente enamorado y me digo: “No podría vivir sin ella”, ¿Qué hubiera ocurrido si no la hubiera conocido? He tomado como punto de partida un cortometraje de doce minutos que realicé en 1982: E pericoloso sporgersi (Es peligroso asomarse). Un niño corre detrás de un tren y tiene dos opciones: irse con su madre o con su padre. A partir de ese momento, se cuentan los dos futuros posibles. Empecé mi primera versión basada en el hecho de que una mujer coja o no coja un tren. Pero después se estrenó “Dos vidas en un instante” de Peter Howitt, a la que siguió “Corre, Lola, corre” de Tom Tykwer. Así que tuve que buscar otra cosa. Fue entonces cuando me di cuenta de que no quería contar algo binario. Lo que me interesaba de verdad era la multiplicidad y la complejidad de las decisiones. Cuando tenemos que elegir, no sólo hay dos opciones posibles sino una infinidad que se deriva de las dos primeras. Es una arborescencia. Con este guión, quería transmitir ese abismo que se abre ante nosotros ante la infinidad de posibilidades. Quería ir más allá de esa temática, quería encontrar una forma diferente de narrar. Quería que se cruzasen las miradas de un niño sobre su futuro y las miradas sobre su pasado del anciano en que se ha convertido. Quería hablar de la complejidad a través del cine, un medio que simplifica.  La realidad que nos rodea es cada vez más compleja, pero la información es cada vez más sucinta, los discursos políticos son cada vez más simples. Lo que me interesa es la complejidad. No me interesan las respuestas sencillas que son tranquilizadoras pero son falsas.

 

¿Cuando empieza a escribir ya conoce el final del argumento?
JVD: Nunca. Si fuera un guionista eficaz, no tardaría siete años en escribir una película. En mi caso, la escritura tiene un componente orgánico, como una planta que crece.  Avanzo en todas las direcciones. Algo parecido al Palacio Ideal del Cartero Cheval. Como Nemo, me resulta muy difícil tomar decisiones. Así que escribo un sinfín de posibilidades. Después podo. Pero cuanto menos sé a dónde voy a llegar, más misterioso es, más se me escapa y más me interesa.

¿Cuándo se dio cuenta que había terminado de escribir Mr. Nobody?
JVD: ¡Cómo dicen los escritores, una novela se acaba cuando uno se harta de escribir! Hubo un momento en el que creí que nunca podría hacerlo mejor. A partir de entonces, llegó el momento de reescribir con una cámara y con actores, de forma diferente, visualmente. De hecho, en cuanto empiezo a preguntarme dónde voy a poner la cámara, ¡sé que ha llegado el momento de dejar de escribir!

¿Cómo se hace el paso de la escritura a la realización?
JVD: He querido dotar a cada vida de Mr. Nobody de una sintaxis diferente. Y utilizar la cámara de manera específica para que desde el primer plano de una escena, sepamos en qué vida estamos. La vida con Anna (Diane Kruger) está filmada como la adolescencia: retomaba con Nemo y Anna adultos las puestas en escena que había hecho con los adolescentes, para que las dos historias de amor se fusionen en la pantalla. La vida con Élise (Sarah Polley) juega con la distancia entre ella y Nemo, con uno de los dos personajes desenfocados, y una cámara realista al hombro. La vida con Jeanne (Linh-Dan Pham) juega con el fuera de campo. Los pies entran en la imagen antes que el rostro. Lo esencial se queda siempre fuera del encuadre, como si no tuviera importancia. La vida del adolescente en coma está totalmente desenfocada. La vida del viudo se compone de movimientos de cámara independientes, contemplativos, sin relación con los movimientos del personaje. La vida del “que no ha llegado a nacer” es monocroma, irreal, todo está delimitado. Para llegar a ese resultado empecé a recortar algunas escenas en papel. Después, antes del rodaje y durante dos semanas, mi director de fotografía Christophe Beaucarne y yo hicimos tomas duplicadas en vídeo para aligerar la sintaxis de cada vida.

¿Por qué escogió a Christophe Beaucarne para la iluminación?
JVD: Es un amigo y uno de mis primeros alumnos en el INSAS, la escuela de cine de Bruselas. Trabajamos muy bien juntos porque ambos estamos en una etapa de exceso de experimentación. Nos divertimos mucho con cosas que sólo interesan a los cineastas: ¿cómo evitar el plano contraplano? ¿Qué se puede hacer para que la cámara no se vea cuando está delante de un espejo y lo atraviesa para pasar al otro lado? Nos hemos divertido mucho imaginando efectos especiales que no se ven y que dan al conjunto de la película una sensación extraña. Nada espectacular, sólo momentos extravagantes.

¿Algún personaje le ha resultado más difícil de escribir?
JVD: La verdad es que no. Lo más difícil era abarcar todas las capas de la polifonía, contando todas las vidas al mismo tiempo sin abandonar ninguna.  Encontrar la construcción adecuada a ese entrelazamiento, la nitidez. En el caso de las tres mujeres, su historia se apoya en un paradigma basado en las relaciones que mantienen cada una de ellas con Nemo. Se da el caso en el que él la quiere y ella también (Anna), en el que ella le quiere y ella no del todo (Élise), en el que ella le quiere (Jeanne) y él no del todo. Al final, la historia con Anna -en la que los dos se quieren con locura- transcurre en la espera, en la ausencia. Mientras que en el espejo, las otras dos están sumidas cotidianamente en la tragedia de la falta de reprocidad.

¿Por qué quiso que Jared Leto fuera Mr. Nobody?
JVD: Cuando escribo, intento no pensar en una cara en particular. Me gusta que las opciones estén abiertas. En el caso de Mr. Nobody, necesitaba un actor que se transformara, tanto en la cara como en la voz, el ritmo, la respiración. Jared Leto tiene esa querencia a la transformación, no hay más que ver todas las películas en las que está irreconocible. Y eso se confirmó en el plató: se siente más a gusto y brilla mucho más cuanto menos se parece a sí mismo.  Es cuando se muestra más natural, como en las escenas en las que interpreta a un anciano. Jared es un actor que sabe transformarse. En ese sentido, el trabajo de la maquilladora Kaatje Van Damme ayudó mucho a los actores a diferenciar sus vidas y también a crear el vínculo entre los adolescentes y los adultos para que fueran una única persona. 

Vamos a hablar de las tres mujeres de “sus vidas”. Empecemos con Sarah Polley que interpreta a Élise…
JVD: Es la primera en la que pensé para el papel y tuve la suerte de que aceptara inmediatamente. Cuando terminé de escribir, la vi en las películas de Isabel Coixet, “La vida secreta de las palabras” y “Mi vida sin mí”. Me dejó alucinado. Es una actriz fantástica. Para el papel de Élise necesitaba a alguien capaz de que esa mujer sumida en la depresión, algo repelente, resultara conmovedora. Esa depresión no se percibe desde el interior sino desde el punto de vista de Nemo. Tenía que hacerse querer a pesar de que no comprendamos lo que le ocurre. Ella tampoco entiende lo que le ocurre. Esa impotencia de comprender es lo que resulta más desgarrador. Busca una razón que justifique su sufrimiento, aunque ese desasosiego vital puede deberse a una enfermedad, algo absolutamente injusto. Y se siente aún más culpable porque sabe que es aterrador para el hombre con el que comparte la vida. Cuando vi a Sarah interpretar a ese personaje, no sabía que era humanamente posible que un actor llorara por encargo. Y eso sin concentrarse, riéndose entre las tomas. Pero a los 29 años Sarah tiene 22 años de carrera tras de sí. Ha engrandecido un papel extremadamente difícil.

¿Y Linh Dan Pham que encarna a Jeanne?
JVD: La conocí en Londres. Había imaginado a Jeanne como un personaje que sufría en silencio. Es una mujer que no se siente querida pero que nunca se lo reprochará a su marido. Intentará con todas sus fuerzas ser perfecta, responder a lo que se espera de ella. Salvar lo que ella cree que es el amor que les une. Linh Dan pasó una prueba, pero ya la había visto en “De latir mi corazón se ha parado” de Jacques Audiard y bastaron cinco minutos para comprender que era ella.

¿Qué me dice de Diane Kruger que interpreta a Anna?
JVD: Diane aceptó dos después de que le ofreciera el papel y el día después ya estaba en Bruselas. Me impresionó que se mostrara tan entusiasmada con el proyecto. Es una actriz que lo da todo en el plató, que se fía, que se deja dirigir de forma precisa y con todos los matices. Es una actriz sin paliativos, que no duda en correr riesgos. Se olvida de sí misma cuando encuentra el tono justo. La pareja que forma con Jared funciona muy bien en la pantalla. Transmiten una complicidad muy sugerente. La he visto muy a menudo interpretando mujeres muy femeninas. Pero algo me decía que podía hacerlo muy bien en un registro diferente, el que de alguien que no se ocupa de ella misma, con los pies en el suelo y la cabeza en las nubes. Anna, su personaje, no siente apego por nada, no posee nada, y siempre está dispuesto a dejarlo todo. Encaja perfectamente con ella. En esta película desprende una elegancia y una fuerza magníficas.

Cuéntenos algo de los actores que interpretan a los padres de Nemo: Rhys Ifans y Natasha Little…
JVD: Había visto a Rhys en “Notting Hill” de Roger Mitchell en donde estaba divertidísimo. Pero también me impactó en “El impacto” del mismo director en el que encarnaba a un homosexual perdidamente enamorado. Así que sabía que tenía esa doble faceta indispensable para interpretar esa fractura entre el papá gracioso y el que de repente ve su vida destrozada. Mi director del casting inglés me recomendó a Natasha. Es una gran actriz de teatro. Cuando nos conocimos me dejó alucinado. Es una actriz que no necesita mucha dirección. Basta con decirle lo que se quiere de ella para que lo haga inmediatamente. Este papel era determinante para la película: era necesario que la madre rompiese la felicidad de la infancia, pero al mismo tiempo tengamos ganas de irnos con ella. Y eso es lo que ha conseguido Natasha.

¿Qué clase de director de actores es usted?
JVD: Lo cierto es que son los actores los que me dicen cómo tengo que dirigirlos. Así que busco lo que necesita cada uno. Los adolescentes me sorprendieron. Sólo tuve que explicarles dónde tenían que ir sus personajes sin necesidad de explicarles con detalle el camino que debían recorrer para llegar hasta allí. Tenían lo más importante: ¡sabían controlar la pérdida de control! Pero al igual que me ocurre cuando escribo, soy incapaz de explicar con precisión cómo dirijo a un actor. Lo único que sé es que me encanta mirarles, decirles cómo veo una u otra escena. Algunos actores necesitan que se hable mucho con ellos, que les expliquen el pasado de sus personajes, y a otros no hace falta decirles nada. Así que yo soy el que debo adaptarme para que todos los actores disfruten con su interpretación y alcancen ese momento de gracia en el que pierden el control para convertirse en sus personajes. Jared alcanza ese estado a través del cansancio. Otros cuando se sienten confiados…

¿Qué ha sentido al volver a estar en un plató después de tantos años de ausencia?
JVD: Nunca había disfrutado tanto en un plató y se lo debo sobre todo a los que me han rodeado. Las cosas han transcurrido de forma muy natural. No estaba nunca cansado. De todas formas creo que a pesar de llevar tiempo sin rodar, he evolucionado. Mi manera de pensar había cambiado y por lo tanto también mi forma de rodar.

Ha mezclado diferentes culturas en sus equipos técnicos. Empezó a rodar en Bélgica, continuó en Canadá y terminó en Alemania. ¿No se ha complicado demasiado?
JVD: La base del equipo era franco-belga, y a ella se incorporó el resto. Sylvie Olivé, encargada de la dirección artística (que recibió el Premio a la Mejor Escenografía por Mr. Nobody en el Festival de Venecia 2009), fue fundamental a la hora de ayudarme a traducir en imágenes mi guión y a encontrar una sintaxis visual diferente para cada una de las vidas de Nemo, jugando con los colores. Tres niñas pequeñas: la primera lleva un vestido rojo (Anna), la segunda un vestido azul (Élise) y la tercera un vestido amarillo (Jeanne). Los colores sirven de códigos visuales para cada de sus vidas. De esta forma, en la vida en la que Nemo escoge a la niña que lleva un vestido amarillo, todo el decorado se pintó de amarillo y no hay nada de color azul o rojo. Esta misma lógica y sus consecuencias se producen en las otras dos historias. Podría parecer un poco forzado pero en la pantalla el efecto es muy discreto. Es como si al escoger una vida, renunciara al resto de los colores y se inclinara por lo monocromático. En la infancia están todos los colores. Cuando Nemo es anciano, sólo queda el blanco.

¿Le dio miedo rodar alguna de las escenas?
JVD: Me preocupaban bastante las escenas de amor con los adolescentes. Quería mostrar que la atracción física es tan fuerte en la adolescencia como en la edad adulta. Tenía que ser fuerte y púdico al mismo tiempo. No tenía que haber ninguna reserva en las miradas de los personajes, en lo que se refiere a los sentimientos, y además era necesario que no se sintieran incómodos ni entre ellos ni por la presencia del equipo. Pero a los cinco minutos me tranquilicé porque era pura coreografía. En las escenas íntimas, mi cámara se quedaba en los rostros. Pero en las escenas sensuales, hicimos cosas bastante coreográficas. Por ejemplo, tenían que besarse de pie contra la pared, rodar por el suelo y después acabar acostados en la cama. Para rodar esa escena, la cama estaba de pie contra la pared y los dos actores tenían que hacer como si estuvieran acostados mientras la cámara giraba. Así que el pudor desaparecía y se transformaba en un ejercicio de coreografía.

Uno de los retos de la película es la reconstrucción del futuro.
JVD: Y eso ha estado en manos de tres personas: Sylvie Olivé, que acabo de citar, François Schuiten que ha supervisado el futuro de forma general, y Louis Morin que se encargó de los efectos especiales. Me apoyé en los tres, para mostrar un futuro como no se había hecho nunca en el cine. Pero no fue una tarea fácil. Cuanto más investigábamos más comprendíamos que todo estaba hecho. La idea de un viaje turístico a Marte se nos ocurrió casi al final. Permitió una sensación de desfase. En lo que se refiere al contenedor que recoge los cuerpos dormidos en el buque, tuvimos que investigar bastante, sobre todo la forma en la que hibernan los animales sin que les salgan escaras. Sylvie Olivé se inspiró en las bandejas de carne recubiertas de celofán. Después de buscar mucho, acabó encontrando un fabricante de látex sado maso en París, un látex con el color apropiado. Después realizó experimentos con un aspirador al revés para lograr colgarlos al vacío. Aunque parezca fácil y muy original, nos llevó meses. El sonido también contribuye a crear ese universo del futuro. El sonido se dirige al inconsciente, cambia la imagen y permite imaginar todo lo que no se ve.

La música desempeña un papel fundamental en el ritmo. ¿Qué música quería?
JVD: Hay algunas canciones que ya existían como Mr. Sandman, que ya estaban presentes cuando escribí el guión. Después, mi hermano Pierre, que ha compuesto la música de todos mis largometrajes, y yo trabajamos en temas sencillos, y en bucles que se van superponiendo. Una mezcla de sencillez aparente y de complejidad subyacente. Ha escrito temas que se superponen para formar uno nuevo, pero todos los temas continúan existiendo a pesar de mezclarse. Quería una música que no forzase los sentimientos, que quedase en segundo plano. Junto con Pierre, elegimos una orquestación minimalista, sin orquesta sinfónica, casi siempre con sólo una guitarra. Queríamos que se notase el instrumento y a su intérprete. De hecho esa decisión resumen toda la aventura: un proyecto un poco maximalista con un enfoque minimalista.

¿Cómo describiría su colaboración con Philippe Godeau como productor?
JVD: Philippe es ante todo un amigo, y eso condiciona nuestras relaciones. Es un amigo muy valiente que ha querido sacar adelante este proyecto con todos los riesgos que conlleva. Hablé con Philippe de este proyecto desde el principio. El fue mi primer lector. Para él ha sido un reto enorme montar una película que se rueda en tantos países, con un presupuesto que suele reservarse para las películas de acción o para las comedias. No es el presupuesto de una película experimental. Pero gracias a los recursos que hemos tenido para este rodaje de 26 semanas, hemos logrado hacer una película atípica, que no entra en ningún formato.

Tras concluir esta aventura, ¿quién es Mr. Nobody para usted?
JVD: “Uno, cien, mil y nadie”. Como espectador, me gusta el cine que me permite vivir por poderes una experiencia que seguramente no podremos vivir jamás en la realidad. El cine permite multiplicar las hipótesis vitales. Vivir por unas horas la vida de un habitante de Uzbekistán, o ser trampero en Alaska. El mensaje que propone Mr. Nobody es que no hay que escoger, hay que experimentarlo todo porque al final todas las hipótesis son interesantes. Me gustaría que los espectadores lo comprendieran: “No hay buenas o malas decisiones sino formas de vivirlas”. En este sentido, la cuestión de la libertad es uno de los temas fundamentales de mi película. ¿Qué me hace sentir libre? ¿Es cuando puedo responder positivamente a una pulsión, a un deseo? ¿Pero de dónde viene esa pulsión? ¿De mi pasado? ¿De mi educación? ¿De mis padres? ¿De lo que vivieron mis abuelos? ¿Donde está la libertad de una elección? ¿Qué es el ‘libre albedrío’, dos palabras que me parecen contradictorias? Con Mr. Nobody he querido hacer una especie de cuento filosófico sin moraleja. El viejo Nemo, después de ver cómo desaparecen todas sus certezas, después de haber aprendido a vivir serenamente en la duda, habría podido concluir: “En la vida, las cosas son bonitas o no son bonitas. Si son bonitas, hágalas. Si no son bonitas, no las haga. »

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