Archivo de la categoría: LA FIRMA INVITADA

LA SOMBRA PROHIBIDA

Vamos a empezar la semana rescatando una sección que me gusta mucho, es la firma invitada. En este caso se trata del blogero Enrique Dueñas, gran conocedor de la obra de H.P. Lovecraft y de su criatura «Cthulhu». Por ese motivo, y porque además se encargó hace ahora un año de acudir al pase de la primera parte titulada «La herencia Valdemar«, le he elegido para fuera al pase y nos dijera si es recomenable o no esta adaptación en dos partes.

Aquí estamos, un año después, tratando de desentrañar los misterios de la mansión Valdemar. Mucho me temo, sin embargo, que hay pocas cosas que descubrir. Apenas sentarnos en la butaca, se nos arroja contra un nada sutil prólogo de diez minutos digno de novela de R.L. Stine. Una voz tremendamente dramática nos da más explicaciones de la cuenta para que recordemos los (escasos) acontecimientos de la anterior entrega. Entretanto, llamas, música con coros y efectos digitales. El que no hubiese visto la “Herencia Valdemar”, ya sabe que esperar tras esta introducción.

Ante todo, quiero advertir al lector de que no soy objetivo. El “terror clásico” es uno de mis géneros cinematográficos favoritos. Asimismo, me considero un gran admirador y defensor de la obra del escritor de Providence. También quiero creer que el cine patrio puede salir de esa zanja de ridícula autocompasión en la que parece estar sumido desde tiempo inmemorial. Crear una franquicia con posibilidades comerciales en el extranjero, tratar de entretener sin pretensiones, hacer uso de un universo de fantasía rara vez aprovechado, poner tiempo, esfuerzo y cariño en el proyecto… es imposible no estar de acuerdo con el espíritu que impregna este díptico. Si yo mismo tuviese catorce millones de euros, no los invertiría en algo muy distinto al título que hoy nos ocupa.

Pero esta película es espantosa. Nada ha cambiado respecto al producto ofrecido hace doce meses. Seguimos encontrando los mismos fallos tanto en el fondo como en la forma. El problema principal que parece tener José Luis Alemán es la necesidad de incluir de cientos de personajes sin demasiado impacto en el argumento ni el menor desarrollo psicológico. Por ejemplo, el célebre Jacinto Molina Álvarez interpreta a un mayordomo que, a pesar de sus numerosas líneas de diálogo, podría desaparecer sin el menor perjuicio para la trama. Estas figuras entran y salen de la película sin orden ni concierto. Y, por si esto fuera poco, sus acciones parecen basarse en motivaciones bastante oscuras (y no me refiero precisamente a que sean tenebrosas).

Se nos ha dicho una y otra vez que la inspiración principal del director ha sido el horror gótico de la Hammer. ¿Seguro? Hablamos de la productora que revolucionó el cine de terror. La productora que acogió la visión de Terence Fisher, uno de los más grandes directores del género. La productora que consiguió capturar los mejores momentos de la carrera de Christopher Lee y Peter Cushing. La productora que se atrevió, por primera vez, a incluir violencia explícita y erotismo descarado. No encuentro la menor similitud entre aquellas películas y el trabajo del señor Alemán. Nuevamente, las referencias laterales a la obra de Lovecraft resultan tan numerosas como sonrojantes. Si anteriormente disfrutamos del “rito de Dunwich”, esta vez nos encontramos con las “arañas de Innsmouth” que, al ser devoradas, permiten a los sectarios mantenerse cuerdos. Pero es que Innsmouth es una población pesquera habitada por mutantes que adoran a un dios oceánico. No hay arañas allí. Y aun aceptando la existencia de tan curioso aperitivo, la razón por la cual los sectarios emprenden acciones abominables es por que, precisamente, ya están locos.

Entrar en la wikipedia e incluir a martillazos sonoras palabrejas extraídas de relatos de dominio público no convierte a tu propia obra en una adaptación. Más bien en una violación. Por cierto, utilizar “antiguo” como sinónimo de “primigenio” demuestra, nuevamente, un desconocimiento total del trasfondo escogido. Los primigenio son entidades cósmicas de inagotable poder y que a ojos de los hombres sólo pueden considerarse dioses de infinita crueldad. Los antiguos, por otro lado, son seres alienígenas vegetales con grandes conocimientos en ingeniería genética que crearan la vida en la Tierra. La aparición del Gran Cthulhu (llamado extrañamente “Chuntu”), el señor de las pesadillas, es totalmente prescindible y decepcionará por igual tanto a los que ya le conocían como a los que le ven por primera vez. Roger Corman hizo un trabajo muy superior con “El palacio de los espíritus”. Y en aquel largometraje, el temible primigenio es un muñeco de plástico introducido en un barreño. Aclaro estos puntos por que dudo que nadie más lo haga. Pero no son importantes.

Sí es importante que se haya optado por hacer uso de imaginería satanista y cosmogonía cristiana. Las novelas de “horror cósmico” plantean que no somos más que una mota de polvo en la inmensidad del universo. Que la propia realidad es mucho más compleja y terrible que lo que nuestra limitada mente humana pueda imaginar. Esto entra directamente en conflicto con cualquier religión. Por eso resulta interesante. Hacer que los hechiceros lleven pentáculos impresos en sus togas, usen el número 666 y hablen de “las almas del purgatorio” destruye totalmente cualquier sentimiento de soledad. ¿Que sentido tiene utilizar una ambientación si se van a rechazar sus elementos diferenciales? ¿Para qué robar ideas dispersas de la obra de un autor si no se tiene intención de aplicar el tema principal que las dota de coherencia y unidad? ¿Por qué ignorar de pleno los hallazgos visuales y argumentales que proporciona un trasfondo tan completo y admirado? En definitiva, ¿para qué realizar un film de horror sin horror? Pero como el lector podrá comprobar, no es mi intención centrarme en la fidelidad ya que todo parecido entre este díptico de misterio y la obra de Lovecraft es pura coincidencia. No existe discusión posible.

El lenguaje que utilizan nuestros protagonistas es una lacra constante. Ya es malo tener demasiado metraje de “gente hablando en plano medio” pero la cosa se agrava cuando lo que hablan no nos interesa lo mas mínimo. Las conversaciones carecen de verosimilitud, dinamismo o subtexto. Son exactamente lo contrario a lo que se sugiere en cualquier manual de guión. El diálogo expositivo (y reiterativo) inunda un guión que busca desesperadamente nuestra complicidad. Una vez el desaprovechado (pero espectacular) clímax llega a su fin, se nos castiga con una resolución que parece alargarse hasta el infinito. Da la sensación de que el director tiene miedo de dejar cabos sueltos y, para evitarlo, nos tortura con innumerables aclaraciones. Pero es que la historia ya es suficientemente simple como para no requerir tanta explicación. Lo curioso es que, a pesar de esto… ¡quedan cabos sueltos! Incluso la edición parece deficiente. Repetitiva, sin ingenio y cruzando las historias paralelas de forma que no llegue a preocuparnos ninguna.

Es decir: todo mal. Soy incapaz de encontrar ninguna cualidad redentora a la cinta. Quizás que, por ahí, existe gente que estrena cosas todavía peores. Pero esa es una pobre excusa. He leído que, al menos, resulta entretenida. A mi, me aburrió. Me aburre ver a unos personajes ir de aquí para allá sin objetivos, me aburren los planos sin imaginación. Me aburre sentarme frente a una mala partida de un juego de rol. Especialmente claro resulta esto cuando los protagonistas se detienen durante incontables minutos a discutir en corro “qué hacer” para, después, seguir exactamente el mismo camino. O cuando encuentran toda suerte de objetos útiles en lugares inauditos. O cuando una voz en off acaba resolviendo el conflicto principal por que es más fácil esto que esperar a que los héroes actúen. Al final, tras tantas aventuras, sólo nos queda un cuento demasiado largo (y algo confuso) sobre “el amor”, “la amistad”, “el orden natural de las cosas” y “el triunfo del bien sobre el mal”… es decir, exactamente lo contrario que lo reflejado en la obra de Howard Phillips Lovecraft. Que, como ya se amenazó el año pasado, tiene un extraño cameo al principio de la cinta. Hace levitar un libro. Y, curiosamente, esto no es lo peor de la película.

Calificación: 3

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SEXO EN NUEVA YORK 2

Amigos y fans de la mítica serie de televisión “Sexo en Nueva York”, esta semana estáis de suerte porque se estrena en nuestro país la segunda entrega de la franquicia cinematográfica. Con motivo de la festividad del Corpus Christi en Madrid, Sevilla, Granada y Toledo se adelantará el evento al jueves 3 de junio. El resto de ciudades mantendrán la fecha de estreno en el viernes 4 de junio. Como en la primera parte, Michael Patrick King, vuelve a dirigir y guionizar las nuevas aventuras de las chicas más famosas de la Gran Manzana. Os recuerdo para los más despistados que la serie de televisión fue creada por Darren Star, basándose en los personajes de la novela de Candace Bushnell.  La película está protagonizada en sus principales papeles por Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, Kristin Davis y Cynthia Nixon, con John Corbett y Chris Noth, que se vuelven a meter en la piel de estos famosos personajes televisivos. Nadie mejor que nuestra colaboradora Cantal Ceña, por sus amplios conocimientos en el campo de la moda y por ser fan del producto catódico, para acudir al pase de prensa y cubrir este evento cinematográfico que no deja de tener cierta dosis de diversión, moda y amistad.

 

La experiencia que he vivido con Sexo en Nueva York 2 ha sido la misma que leyendo un número de la revista Vogue. Las dos tienen una portada inmejorable, atractiva, que te entra por los ojos y te hace desear conocer el contenido. De hecho, creo que todas (y todos, que los hay) las fans de Sexo en Nueva York, desde que nos enteramos de que había una segunda parte estábamos como locas por verla. El nivel estaba alto, la primera película no defraudó. Así que cuando veía los carteles en las marquesinas o el trailer en You Tube, ya me ponía nerviosa. Bien, pues este “nuevo número”, con Sarah Jessica Parker en la portada ya está en la calle. Y al verlo, me ha pasado lo mismo que me pasa con Vogue: un precioso y perfecto escaparate de glamour, belleza, tendencias y hasta viajes con el que deleitar a la vista, pero un texto (en este caso un argumento) flojo y con poca chicha.

 

Para los que no leéis Vogue, os pondré otro ejemplo. Ha sido como ver una película porno: el argumento es malo, pero merece la pena verla por otros motivos…

Los veinte primeros minutos son buenos. Diálogos rápidos y divertidos, situaciones cómicas con actuación estelar de Liza Minnelli incluida (no tiene desperdicio). Además, según van a apareciendo personajes en escena, la voz en off de Carrie, al más puro estilo de la serie, va contando al espectador cómo conoció a cada una de ellas (me ha parecido curioso, porque esto nunca se ha llegado a contar…) Incluso hay guiños a la serie original. Una prueba para saber si sois verdaderas fans de Sexo en Nueva York: Carrie repite un vestido que ya llevó en alguno de los capítulos, ¿cuál será? Se admiten apuestas. No os quiero picar, pero yo y mis compañeras de fila lo hemos sabido en cuanto lo hemos visto.

Pero según avanza el film se va perdiendo esa chispa y da paso a una historia que no tiene ni pies ni cabeza y que resulta poco interesante, además de poco creíble (dentro de lo increíble…). La película empieza con la boda del gran amigo de Carrie, Standfor Baltch. Carrie y Mr Big llevan dos años de feliz matrimonio, Charlotte ha conseguido formar la familia que siempre había soñado, Miranda ha recuperado la estabilidad y el amor en su matrimonio con Steve y Samantha sigue con su desenfrenada vida sexual de siempre. Pero cada una se da cuenta de que a lo mejor lo que siempre han querido y que ahora tienen no es tan bonito como debería ser. Por eso, todas aceptan entusiasmadas la propuesta de Samantha para irse de viaje a todo lujo por Abu Dhabi.

Aunque a partir de ese momento, el argumento y el guión empiezan a flojear bastante, reconozco que hay un par de escenas dignas de ver. Las dos tienen como protagonistas a Samantha y a un hombre… y hasta aquí puedo leer. Eso sí, como os había dicho, muchas veces los textos de una revista de moda pasan a un segundo lugar, porque lo que realmente quieres ver cuando la abres, es lujo, gente guapa y, sobre todo, MODA. Y de eso hay de sobra. Nunca he disfrutado más con unas escenas tan bonitas y espectaculares, tanto, que parecían producciones hechas por el mismísimo Patrick Demarchelier. Cada escena, podría ser una foto de Vogue a doble página. Un verdadero placer para la vista. Eso sí, no deja de sorprender que para montar en camello o pasear por un zoco alguien se ponga unos zapatos de Christian Louboutin con un tacón de 12 centímetros o una falda de seda hasta el suelo. Pero, haciendo referencia a un capítulo de la serie: “Esto es Vogue”. Y aquí, en cuanto a moda se refiere, todo vale.

El estilismo más espectacular, como siempre ideado por la grandísima Patricia Field. Además, este film cuenta con un atractivo más para todas las amantes de la moda, muchos de los accesorios y prendas de la película se pueden comprar en su página web http://www.patriciafield.com/ Un capítulo aparte merecen los “cameos”. Miley Cyrus y Penélope Cruz. Me sabe mal criticar la actuación de la española, así que sólo diré que la pequeña Hannah Montana ha salido victoriosa de esta batalla.

En definitiva, un producto 100% aspiracional, un regalo con un packaging de lujo que te entra por los ojos aunque su contenido no termine de convencer.

Calificación: 6

EL PADRASTRO

El viernes pasado se ha estrenado el primero de la gran oleada que nos llegarán de nuevas versiones sobre grandes clásicos del terror, se llama «EL PADRASTRO». Este remake nos narra las desventuras del problemático adolescente Michael, que al volver a casa después de un año en una escuela militar, ¡pobrecito! Se encuentra a su madre enamorada del que pronto será su padrastro, David, que se ha mudado a su casa. David dice que quiere formar la familia perfecta. Pero conforme empiezan a conocerse entre ellos, Michael rápidamente se convence de que David está lejos de ser tan perfecto como aparenta. El clásico de 1987 dirigido por Joseph Ruben era el gran Terry O’Quinn, ahora más conocido como John Locke, quien daba vida a este temible padrastro. Por ese motivo envié al gran Victor Guybrush para que os contara si merece o no la pena ver esta nueva versión, yo lo tengo claro, no hay nada como un buen clásico.

La historia de El padrastro se centra en los dos personajes masculinos: por un lado tenemos a Davis Harris, interpretado por Dylan Walsh, un madurito interesante y una especie de hombre perfecto que se dedica a viajar por Estados Unidos seduciendo a madres de familia sin pareja. Cuando éstas, rendidas a sus pies, le abren las puertas de sus casas, no se imaginan que realmente están dejando pasar a un asesino despiadado. Tras finiquitar a una familia en Salt Lake City nuestro amigo se traslada a Portland, Oregon, donde rápidamente se compromete con una madre separada. Poco antes de la boda regresa al hogar el hijo mayor, interpretado por Penn Badgley (Gossip Girl) quien se dará cuenta, mucho antes que su madre, de que su nuevo y apolíneo padre de ojos azules no es trigo limpio.

Como su propio título indica, El padrastro es un sufrimiento total. Funciona bastante bien como película cómica pero de inquietar, aterrar o aportar algo nuevo no hay ni rastro. Es ahora cuando se echan de menos películas como La huérfana, en la que también un nuevo miembro se unía a una familia incompleta (según sus propios miembros) y al final resulta ser peor el remedio que la enfermedad. La película de la adopción sabía crear tensión y motivaba al espectador a quedarse al sorprendente final, cosa que El padrastro no puede o no quiere hacer. La ventaja de este padrastro respecto a los que salen en los dedos es que el dolor dura dos horas como mucho, si no es que huyes de la sala del cine antes.

El padrastro es una película estupenda para todo aquel que quiera tener una referencia sobre cómo no se hacen diálogos si no quieres que tu público se parta la caja en lugar de sentirse intimidado o inquieto en una película sobre un asesino en serie. Algunas de las líneas de esta cinta están a la altura de subproducctos de serie B como Troll 2 o Shark Attack 3: Megalodon por lo que no sería de extrañar que dentro de unos años algún tipo, en el foro más recóndito de Internet, rescate El padrastro como un hito del cine casposo de principios del siglo XXI. Se harán pases especiales en los que cuarenta o cincuenta cinéfilos de Portland, Oregon se dispondrán a disfrutar desde la mofa cada escena de El Padrastro.

Saltarán de la butaca cuando el padrastro saque el tequila y se lo de a su hijastro para ganarselo, gritarán con júbilo cuando Amber Heard hable con teléfono en bragas, con las piernas largas y tersas estupendamente encuadradas en la pantalla (o cuando Penn Badgley vaya sin camiseta por casa), aplaudirán cuando la hermana de la madre intente sacar una sombrilla de la piscina durante una tormenta eléctrica y llorarán de alegría con el desenlace. Se correrá la voz por Internet, se harán montajes con las mejores escenas que se subirán a Youtube para el disfrute de todo aquel que llegue a ellas después de ver el vídeo “Worst Movie Ever” y habrá páginas web (o la evolución lógica de estas, que parecen ser los grupos de facebook) en los que no serás aceptado en el grupo VIP si no te sabes los diálogos al dedillo.

O tal vez no. Tal vez caiga en el olvido y nadie más vuelva a reparar en ella jamás. Tal vez nadie se pregunte por qué el padrastro no sabe desconectar el móvil de sus víctimas y éste sigue sonando en los momentos más inoportunos. Tal vez nadie se pregunte por qué hay gente que puede conducir o casarse sin documento que lo identifique durante años. Ya veremos lo que ocurre de aquí a cinco o diez años pero si alguien me preguntase, no lo dudaría: esta va a ser un clásico de la serie B y protagonizará post en blogs de gafotas con granos (como el mío), quienes recibirán comentarios estilo “guau, tengo que verla, seguro que es la mejor peor película de la historia”. Hasta que eso pase, El padrastro debería haber ido directa a televisión o, mejor todavía, al cubo de la basura.

«FAMA» Y SU REMAKE

En la década de los ochenta el género musical brilló con luz propia. Películas como «Fiebre del Sábado Noche», «Grease», donde el actor John Travolta lucía y movía el palmito encandilando a todas las adolescentes y no tan jovenes del país.  Bob Fosse realizó su obra maestra «All that jazz», que se conoce en neustro país como «Empieza el espectáculo». Pero llegó un británico a la industria de Hollywood para revolucionar el género con un largometraje titulado «Fama».

«FAMA»-DECLARACIONES ALAN PARKER

Para ello se sirvió del guión escrito por Christopher Gore y su propuesta era muy ingeniosa y no podía ser más simple. Los protagonistas serían estudiantes que quieren alcanzar el estrellato, llegar hasta allí es un calvario, y ellos nos mostrarían cómo es. Así con un reparto coral, donde las esperanzas se van truncando, veremos como sólo unos pocos alcanzarán ese lugar y podrán saborear la «Fama». Para ello le imprimió una estética sucia, nada vista hasta el momento. Los perosnajes requerían de tener un cierto desarrollo de su perfiol psicológico, lo que significaba que la cantidad de números musicales estaban restrigidos y le llevaba a incrementar el metraje. Además, las coreografías tocaban todos los géneros desde el típico claqué hasta el breakdance tan de moda en el momento del estreno, sobre todo en los suburbios de la Gran Manzana.

El largometraje de Alan Parker se alzó con cuatro estatuillas en la ceremonia de la entrega de los Oscars de 1980:

  • A la mejor canción original – «Out Here On My Own», Michael Gore y Lesley Gore
  • Al mejor sonido – Michael J. Kohut, Aaron Rochin, Jay M. Harding, Christopher Newman
  • Al mejor guión original – Christopher Gore
  • Al mejor montaje – Gerry Hambling

Pero sin duda alguna el mejor momento del film a mi gusto es este…el número del «Hot lunch jam» donde los acordes jazz invaden el comedor de una manera progresiva y se mezclan con la poderosa voz de Irene Cara, todo rodado con una fotografía un tanto sucia. Así nos mostrará cómo viven estos estudiantes de arte dramático. Para mi, insisto, es uno de los momentos poderosos, lleno de energía y sobre todo muy pegadizo.

«FAMA»-HOT LUNCH JAM

Aunque para mi el peor es el que da nombre a la película, el número de «Fama». Original formalmente es, pero lo siento a uno le estomaga esta canción de Giorgio Moroder. No puedo con ella.

«FAMA»-FAME

Dos años más tarde continuaron con el filón en la televisión, y de la película nació la serie homónima pero que a pesar de tener dos temporadas la segunda aburrió al todo el mundo. Y eso que su horario de emisión era de máxima audiencia los domingos al mediodía. Algunos actores pasaron de celuloide al las 625 líneas, como por ejemplo la coreógrafa debbie Allen que daba vida a Lydia, el desaparecido Gene Anthony Ray que interpretaba al rebelde Leroy, Lee Curreri era el italoamericano Bruno, que quería llegar a ser compositor e iba de un sitio para otro con sus sintetizadores  o Albert Hague que ponía el contrapunto como el profesor Sorofsky

CABECERA SERIE TV «FAMA»

Y todo esto a qué viene a que esta semana nuestro reportero más dicharachero y marchoso, Victor GuyBrush, a ido a ver el remake de «FAMA» que posee la misma historia la cámara sigue a un dotado grupo de bailarines, cantantes, actores y artistas de diferentes disciplinas, a lo largo de cuatro años en la Escuela Superior de Artes Escénicas de Nueva York, donde se les da a los estudiantes la oportunidad de vivir sus sueños y de perseguir la fama. Pero esa clase de fama que viene del talento, la dedicación y el trabajo duro. En una atmósfera de increíble competitividad, plagada de inseguridades, los sueños de los estudiantes serán sometidos a duras pruebas. Mientras intentan alcanzar sus metas con duro trabajo tendrán que afrontar tumultuosas amistades y apasionados romances. Con el apoyo de sus amigos y compañeros artistas, descubrirán quién de entre todos ellos, tiene el talento necesario para alcanzar la fama.

Siento que me estoy repitiendo, que esto ya lo he dicho antes, que probablemente los lectores ya lo habrán comentado a sus amigos en alguna ocasión y que todos lo hemos oído mil veces, pero es lo que hay: ¿para qué hacer un remake si la película original estaba bien y el refrito no aporta nada nuevo? Desde el punto de vista artístico, creativo o del simple entretenimiento, lo que le importa al espectador, para nada. Fama versión 2009 es más de lo mismo pero peor y supongo que no había muchas dudas de que esto podía ocurrir.

Yo las tenía. En realidad la cinta no está tan mal; no es Luna Nueva a pesar de que se puedan sentir las hormonas revolucionadas en el aire y de los amores de los que no se muestra más que un roce de labios. Lo mejor de la nueva Fama es que es entretenida (si no odias los musicales) y gustará a los fans de Operación Triunfo y del programa Fama. Sin embargo, cualquiera que tenga como referente la serie de los ochenta o la primera película se preguntará ¿para qué hacer un remake si la película original estaba bien y el refrito no aporta nada nuevo? La mayoría de los que no tengan ese referente saldrán con sensación de que podían haber estado haciendo algo de provecho la hora y media que dura.

El reparto, como en la película original, está compuesto por un elenco de jóvenes nada conocidos al menos por estos lares que poco habían hecho, aparte de alguna serie el que más, antes de participar en este largometraje. En general no lo hacen mal, como aquellos de la versión de 1980, pero tampoco parece que haya ninguna Isabelle Fuhrman (La huérfana) en el grupo. Además los personajes poco lucimiento (fuera de cantar y bailar) permiten a sus intérpretes. No hay ningún Leroy como en la original, alguien carismático que destaque por encima del resto, lo que le resta muchos enteros a una historia que se basa en personajes. Si estos fallan ¿qué nos queda?

El director, Kevin Tancharoen, salido de la MTV y de la dirección de series y coreografías, junto a la guionista Allison Burnett, ha respetado el original al menos en la forma y ha intentado adaptarlo a los nuevos tiempos. El resultado final es una copia técnicamente respetuosa, que conserva muchos elementos de la original, entre ellos un buen ritmo, pero que resulta banal.

Si la fuerza de la primera Fama estaba en el drama, en la superación de los problemas a los que se enfrentaban los protagonistas, la nueva Fama presenta unos conflictos que dan risa en comparación. Los protagonistas del remake son desdichados porque sus padres no les comprenden o porque su novia se va con otro, mientras que los personajes de la primera versión tenían que enfrentarse a abusos sexuales o a salir del armario recién empezada la década de los 80. Los problemas más profundos, que podrían dar color a los personajes, están tratados por encima y no consiguen que nos importe lo más mínimo si la hermana de Malik murió tiroteada o bajó a por tabaco y no volvió nunca.

Los números musicales dan un poco de vergüenza y la banda sonora se mueve entre el hip hop y el pop con influencias negras de Alicia Keys y compañía, dándole ese tufillo a MTV que no va a ser del agrado de muchos. Para rematar la cantidad de azúcar que endulza la nueva versión a algún iluminado se le ocurrió que topicazos tipo “respétate a ti mismo y llegarás lejos, si quieres puedes, es muy fácil si lo intentas” podrían aportar algo a la cinta. Lo único que consiguen es sonrojar a los espectadores de más de 10 años. Esta lamentable moralina ataca, sobre todo, durante los últimos minutos del metraje; si a alguien le había parecido que la película “no estaba mal” el final tirará por tierra las buenas palabras que se pueden tener de ella.

En un momento dado, el personaje de Walter Perez le comenta al profesor de música que no le gustan las piezas clásicas porque eso está pasado y a él lo que le mola es la innovación y tal, y que seguramente a Bach le machacaron sus profesores por el mismo motivo. El profesor le dice que tal vez tiene razón, así que, por si acaso su música se sigue tocando 350 años más tarde, como la de Bach, le pide disculpas por adelantado. ¿Se darían cuenta los responsables la película de que estaban retratando la lápida que en mucho menos de 350 años caerá sobre ellos y su creación? Por si las moscas, les pido disculpas por adelantado.

LUNA NUEVA

Chris Weitz ha sido el director encargado de dirigir la segunda parte de la exitosa franquicia juvenil “Twilight”, titulada Luna nueva”. Su currículo no es que sea una joya, y todo indica que con este largometraje se ha quitado la espina clavada que suponía tanto “La brújula dorada” como “Un niño grande”. La premiere ha tenido lugar el pasado 12 de noviembre en Madrid,  concretamente en el Palacio Vistalegre del castizo barrio de Carabanchel. Hasta allí llegó el elenco de este film, y aquí podréis que dio de sí el evento, en una nueva crónica de JuliaCGS cargada de ironía y humor.

Cuatro días después, concretamente el 16 de noviembre, ha tenido lugar la premiere americana en Los Ángeles, pero lo más alucinante de todo es que ya tienen en postproducción la siguiente entrega “Eclipse”. Esto ha sido así porque hay tantos seguidores de la vampírica saga en nuestro país que los productores decidieron hace unos meses, tal y como os adelantamos aquí en Videodromo, que España fuera el país que diera el pistoletazo de salida.  Fijaos si es un fenómeno de masas que aquí en los cines hay programada una sesión especial de madrugada al precio astronómico de 11 dólares, y para el cual ya no hay entradas. Wyck Godfrey tras los intentos de encontrar una franquicia rentable con “Eragon” parece que lo ha conseguido con “Crepúsculo”.

Una vez más, la guionista encargada de trasladar el segundo libro de la autora norteamericana Stephenie Meyer a la gran pantalla es Melissa Rosenberg. Eso sí calidad no le va a faltar porque se suben al proyecto dos grandes talentos, por un lado el español Javier Aguirresarobe, que se encarga de la fotografía y el francés Alexandre Desplat que ha puesto los acordes a esta nueva entrega y creo que ha tenido bastante porque no aparece en los créditos de Eclipse”. Todos recordaréis su maravilloso trabajo paraCoco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel”.

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2012

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Este fin de semana se estrena en todo el mundo el nuevo trabajo de Roland Emmerich llamado «2012». Estamos ante todo un gran y apocalíptico evento, ¿quién piensa perdérselo para bien o para mal? Un servidor ha puesto la cuenta atrás. Hasta Zombi ha salido de su refugio para ver que da de sí el fin del mundo tal y como lo entendemos. Por ese motivo he elegido este largometraje para la sección «La firma invitada», que en este caso ha sido Enrique Dueñas. El filme está protagonizado por John Cusack, Chiwetel Ejiofor, Amanda Peet, Oliver Platt, Thandie Newton, Danny Glover y Woody Harrelson. Vamos, mejor reparto no puede tener, no se puede quejar el director, y muchas amigas mías se que irán por el mero placer de ver las carreritas de Mr. Cusack. El guión es obra del realizador germano y de su fiel compañero Harald Kloser, habitual compositor de sus bandas sonoras.  La trama nos tralada varios siglos atrás. Los mayas nos dejaron un calendario, con una fecha que predecía claramente el final y todo lo que ello conlleva. Desde entonces, los astrólogos la han descubierto, los numerólogos han encontrado las pautas que la predicen, los geólogos dicen que la tierra tiene los días contados; incluso los científicos de los gobiernos no pueden negar el cataclismo de proporciones épicas que espera a la tierra en 2012. ¿Se hará realidad la leyenda maya? ¿Se acabará el mundo?

REGULAR

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Lo primero que se me viene a la cabeza al tener que calificar esta película es que al producto final le sobra una tonelada de metraje (aunque rellenar más de dos horas y media a base de clichés también tiene mérito). Hacia el último tercio uno no sabe cuantas horas lleva sentado en la sala ni cuantas quedan aún. Esto es debido, principalmente, a que la historia parece ya vista y los acontecimientos se repiten en un bucle infinito. Las numerosas escenas de acción con coches y aviones, por ejemplo, se antojan clónicas. E incluso vemos los mismos obstáculos una y otra vez. Por no hablar del eterno desenlace…

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Pero vayamos con los puntos positivos: estamos ante un espectáculo asombroso. Aunque claro, nosotros no vivimos a finales del siglo XIX y sabemos como se realizan el 90% de los efectos que aparecen en pantalla. El espectador de hoy (o eso quiero creer) no va a “asombrarse” con nada, por mucho empeño visual que haya. La perfección a nivel técnico es algo que exigimos y ya carece poder para sorprendernos. Pero aun con todo, ver volar por los aires el planeta Tierra de la forma más dantesca siempre resulta divertido.

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Nuestros desventurados héroes son, todos ellos, tristes arquetipos. Todos. Aunque la mayor parte del “casting” ha sido escogido con una meticulosidad encomiable. Realmente, se nota un esfuerzo por parte de los intérpretes de dotar de cierta dimensión a sus personajes, y la mayor parte de las (típicas) líneas de diálogo se recitan con convicción.

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Es muy fácil encontrar similitudes entre este filme y otros anteriores de Roland Emmerich ya que, como todo el mundo sabe, siempre hace la misma película. Encontraremos multitud de elementos que parecen sacados directamente de “Independence Day” o “El día de mañana”. De hecho, da la sensación de que Emmerich con cada nuevo experimento trata de acercarse más a su primera película “Das Arche Noah Prinzip” que, como su título indica, era una versión futurista (ambientada en el lejano 1997) del mito del Arca de Noé.

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Pero “2012” es, en realidad, un remake encubierto de “Cuando los mundos chocan”, (aquella ciencia-ficción ultracristiana de 1951 dirigida por Rudolph Maté). Y esto es algo que no ha admitido ni uno de los implicados en la producción. El hecho es que, cambiando unos cuantos nombres y la naturaleza de la amenaza, sería difícil distinguir ambas películas.

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Por supuesto, se respira un positivismo en ocasiones ridículo. La mera idea de que con un poco de esfuerzo uno puede escapar de una placa tectónica o combatir contra una erupción volcánica (y ganar) puede resultar involuntariamente gracioso para muchos de nosotros. Eso sí, si se entra a la sala dispuesto a aceptar semejantes afirmaciones, no queda sino sentarse y disfrutar.

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También puede parecernos absurdo que haya tantos protagonistas y secundarios para que, casualidades de la vida, todos estén todos relacionados de una forma u otra. Y, Obviametne son yanquis en su inmensa mayoría.

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Por que otro tema importante es el del tópico americocentrismo que reina durante toda la aventura. El fin del mundo es, obviamente, el fin de los Estados Unidos y un par de monumentos míticos de otras zonas del globo. Vemos grandes cantidades de desatada destrucción pero concentrada en lugares muy concretos (ya que, a fin de cuentas, sólo la tierra de las oportunidades importa). Aunque claro, uno descubre por que diantre no se hace cine épico en este país: en el momento en que la palabra “España” sale de la boca de uno de los personajes la sala entera estalla en involuntarias carcajadas.

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¿Qué podemos esperar? Exactamente lo que ofrece el trailer. El Apocalipsis. Aunque, admitámoslo, a Emmerich le falta valor para llevar la premisa a sus consecuencias últimas. ¿Qué no encontraremos? Originalidad. Básicamente. Ni en la forma de contar las cosas ni en las cosas que se están contando. ¿Existe un mensaje de fondo? Pues sí. Pero trilladísimo y tremendamente infantil.

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Más de uno mezclará en su interior sentimientos contrapuestos como son la “vergüenza ajena” y la “lágrima épica”. Que nuestro juicio final se incline más a un lado o a otro depende sobre todo de los gustos personales. La película no es buena por que carece de personajes sólidos. Pero está bien realizada y es, verdaderamente, catastrófica. Ideal para amantes del género.

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CUENTO DE NAVIDAD

Esta semana se estrena uno de los largometrajes más esperados por todos los amantes del cine de animación. Se trata del nuevo trabajo del realizador norteamericano Robert Zemeckis, que en su primer fin de semana ha alcanzado sin problemas el primer puesto del ranking del box office norteamericano. Si con «Beowulf« adaptaba una leyenda nórdica que no fue bien acogida ni por la crítica ni por el público. En este caso se atreve con todo un clásico de la literatura británica. Ha elegido una novela de Charles Dickens, y de la que hemos visto más de una adapatación, una de las más famosas la intepretada por Bill Murray en 1988 titulada «Los fantasmas atacan al jefe» dirigida por Richard Donner. Jim Carrey toma el relevo al mítico personaje ya que ha sido el elegido para interpretar el papel múltiple de Scrooge. Debido a la importancia de la película esta semana en la sección «la firma invitada» tenemos a toda una gran conocida de todos vosotros, se trata de mi estimada Cantal Ceña que ha ido a ver…

MUY BUENA

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Y están aquí los primeros días de frío, se empiezan a ver las primeras calles adornadas con luces y en las tiendas ya se venden los primeros adornos de Navidad. Pero ¿qué falta? La película de Disney de todas las Navidades. Esta vez más acorde con las fechas que nunca. CUENTO DE NAVIDAD, adaptada y dirigida por Robert Zemeckis va más allá y pone al servicio del espectador un clásico mezclado con las nuevas tecnologías, porque se trata de un film en 3D. Una vez más, la modernidad se rinde ante lo tradicional.

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El argumento es de sobra conocido, pero ahí va, por si aún queda algún despistado al que no le guste mucho la lectura… Comienzan las Navidades en Londres, en pleno siglo XIX. Ebenezer Scrooge es un viejo avaro que no se relaciona con nadie y desprecia a todas las personas que tiene a su alrededor, que se limitan a su fiel secretario y a su sobrino. Ebenezer odia estas fiestas tan señaladas, cree que celebrar la Nochebuena o el día de Navidad son paparruchas y un gasto innecesario de dinero. Pero el fantasma de su socio, ya fallecido, se le aparece para anunciarle la visita de tres espíritus, el de las Navidades pasadas, el de las Navidades presentes y el de las Navidades futuras. Con ellos emprenderá un viaje en el que abrirá los ojos y verá más allá de su habitual mezquindad, tacañería y soledad e intentará cambiar antes de que sea demasiado tarde. Si es que no lo es ya…

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Como el buen argumento estaba cantado, destacaré que la primera buena señal de esta película, además de estar basada en una extraordinaria novela, es el nombre de su director. Robert Zemeckis ya nos había regalado joyas como Regreso al futuro (tengo debilidad por esta saga), Forest Gump o más en el mundo de la animación, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? o Polar Express. Con este currículo no nos podía decepcionar y aunque no lo ha hecho del todo, sí que diré que según avanza el film, va perdiendo el interés. Lo cortés no quita lo valiente y la primera media hora de película enamora. El espectador, con sus gafas 3D puestas, se mete de lleno en las calles del Londres del siglo XIX, con los copos de nieve cayendo entre los transeúntes, gente cantando villancicos y niños jugando y riendo. Pero según va avanzando, empieza a flojear. Os diré que tiene mi aprobado hasta que llega el espíritu de las Navidades futuras. En ese momento se vuelve oscura, violenta y pierde el sentido romántico que tenía hasta esa parte. Lo que presagia este tercer espíritu no es que sean buenas noticias, pero no me resulta difícil de imaginar otra forma de plasmarlo en la pantalla.

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Además de la calidad tecnológica, verdaderamente se disfruta viendo una película así en tres dimensiones (hasta el punto de que uno se olvida de que es animación), otro elemento que quiero destacar del film es la banda sonora. Dentro de lo agradable o más bien entrañable que resulta escuchar música que suene a Navidad (y el que no lo crea así, a ver si va a ser un poquito Scrooge…), en este caso aciertan completamente. El compositor, Alan Silvestri, que ya había trabajado con Zemeckis en numerosas ocasiones, hace un magnífico trabajo que remata con el tema final “God bless us everyone”, interpretado por Andrea Bocelli. Te vas del cine con el espíritu navideño a flor de piel…

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La única recomendación que os hago, además de ir a verla con el chip navideño activado, es que si podéis, lo hagáis en versión original. Nada me pudo dar más pena que perderme las interpretaciones de Jim Carrey como Ebenezer Scrooge y también como los espíritus de las Navidades pasadas, presentes y futuras. Este actor es tan versátil que sin haberlo escuchado me atrevo a asegurar que lo ha hecho de sobresaliente. Y el resto del reparto también es digno de mención: Colin Firth, Gary Oldman o Robin Wright Penn.

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En resumen, que no hay Navidad completa sin película de Disney y esta vez viene pisado muy fuerte. CUENTO DE NAVIDAD es un cóctel con ingredientes para todos los públicos: un clásico de la literatura, animación de última tecnología 3D y un director de Oscar.

PANDORUM

Esta semana se estrena el film «PANDORUM» tras su paso por el festival de Sitges y la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, donde se proyectaró el pasado domingo 1 de noviembre dentro de la Sección Oficial. Se trata de un largometraje de ciencia-ficción producido por Paul W.S. Anderson, al que todos conocéis por haber creado de la saga «Resident Evil». La película está protagonizada por Dennis Quaid y Ben Foster. Christian Alvart, del que hemos visto recientemente «Expediente 39», dirige esta historia escrita por Travis Milloy y eso no es precisamente una buena carta de presentación. Por eso una semana más, Victor Guybrush es la firma invitada para diseccionar esta cinta de género.

BUENA

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La Tierra se muere. Una nave es enviada a un planeta con características similares al nuestro con miles de colonos abordo que sentarán las bases de una nueva civilización al aterrizar. La acción comienza cuando un miembro de la tripulación despierta de repente de su hipersueño. Se llama Bower, pero él no recuerda quién es, dónde está o cuál es su misión. Pronto se despierta también su superior, Payton, interpretado por Dennis Quaid, en las mismas circunstancias que él. No hay más tripulación a la vista, ni siquiera a los mandos de la nave. Intentan contactar con la Tierra, pero no responde nadie, y para rematar la faena parece que un problema grave en la propulsión de la nave está poniendo en peligro el cumplimiento de la misión (sea cual sea, porque tampoco recuerdan que deben salvar a la humanidad).

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La única puerta que pueden ver está cerrada por fuera, por lo que resuelven salir por los conductos de ventilación y desde allí intentar contactar con alguien que les eche una mano, o al menos intentar reparar los desperfectos y continuar la marcha de la misión apropiadamente. Y allá va Bower, como en Alien, de cabeza a una aventura que bebe de muchas fuentes reconocibles por todos (Horizonte final, 2001, Predator, Fantasmas de Marte, The Descent, Resident Evil…) pero que se reivindica como una historia digna, correcta y efectiva, repleta de espacios claustrofóbicos, enfermedades mentales, inquietantes supervivientes y monstruos ignotos.

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La mejor secuencia es sin duda cuando la memoria de los protagonistas, dañada por efecto secundario del hipersueño, va recuperándose poco a poco a medida que avanza la trama, pero no es suficiente para entender qué ha pasado en la nave, dónde está el resto de la tripulación y qué cojones son esos bichos con armaduras que les persiguen por los oscuros pasillos. Lo interesante, cuando encuentran la respuesta a todos estos interrogantes, no es tanto el fondo como la forma: presentar la narración de los eventos como si del inicio de una película de animación de Disney se tratase (“Érase una vez” y un puñado de dibujos de estilo medieval incluido) es tan inesperado, por su relativa anacronía, como curioso y efectivo. 

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Si tuviera que destacar un plano me valdría cualquiera de los dibujos mencionados en la secuencia que he elegido valdría, o hacia el final de la cinta, unos planos muy parecidos a los usados por Sam Raimi en Terroríficamente muertos, pero los que se llevan la palma son los primeros planos de distintos personajes dentro de las cápsulas de hypersueño. Es una pena que el mal rollo que produce alguno de estos momentos no se explote más.

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Uno de los elementos que hacen más entretenida a Pandorum son sus personajes. Si nos lo tomamos seriamente, alguno de ellos no tienen ningún sentido ¿A santo de qué hay una chica de buen ver, atlética, rápida y letal correteando por los pasillos de la nave? ¿Y un ninja vietnamita que iba a ser agricultor al llegar la nave a su destino? Si nos lo tomamos con calma y entrando en el juego es de un surrealista tan efectivo que solo me faltó aplaudir cuando aparece el cocinero negro. Si tengo que elegir solo a uno, me quedo con este último, su traje metálico manufacturado por él mismo (presumiblemente), su cojera y su precaria salud mental.

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Lo mejor es sin duda, que, a pesar de todo, es una cinta correcta, entretenida si nos la tomamos como una película pequeña pero curiosa y además mejor que algunas de sus inspiradoras, por ejemplo Resident Evil o Alien versus Predator. Y lo peor es la falta de originalidad. La mayor parte del tiempo no consigue despegarse de la larga sombra de sus predecesoras y eso la lastra muchísimo, hasta el punto de que exasperará a los seguidores acérrimos de la ciencia ficción clásica si estos no consiguen tomarse Pandorum como una pequeña pero entretenida película sin pensar en que el 75% de la misma son cosas que ya hemos visto hace tiempo.

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DESTINO FINAL 3D

Esta semana Victor ha acudido a ver una de las películas que más tiempo ha estado este otoño en cartel aquí en los Estados Unidos, por lo menos en la costa este, donde un servidor reside. Ha estado casi un mes y medio, y ha desbancado a la pobre Carriers (Aka Infectados) por estos lares. Quiero llamar vuestra atención sobre un dato, ¿no os habéis fijado que la mayoría de las franquicias de género poseen una de sus partes en 3D? Desde Kruger, pasando por Tiburones, y acabando con Halloweenes. Es curioso. En fin, una semana más os dejo con Victor Guybrush que es la firma invitada y sus retinas ensangrentadas han visto «DESTINO FINAL 3D«. A la batuta de la orquesta David R. Ellis que puede jactarse de tener en su currículo el haber dirigido ese pedazo de película que es «Serpientes en el avión« ¡Qué gran largometraje! Todo un clásico de la serie B contemporanea a rescatar. En la que Julianna Margulies y Samuel L. Jackson hacían una encomiable labor artística. Y espero que nadie se tome a coña el comentario que acabo de realizar. Lo digo totalmente en serio. Escribe la historia Eric Bress, basándose en los personajes creados por Jeffrey Reddick. Bress puede decir alto y claro que suya fue «El efecto mariposa». Así que presentados todos y situados ya, podemos ir al grano.

REGULAR

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Mientras disfruta de una carrera de la Nascar en compañía de su novia y sus amigos, Nick O’Bannon tiene una premonición: un terrible accidente tendrá lugar en el circuito llevándose por delante la vida de decenas de persona, incluida la suya y las de sus amigos. El bueno de Nick, anticipándose a la catástrofe, logra arrastrar a un grupo de asistentes al evento fuera del recinto del circuito poniéndolos a salvo, pero es solo el principio del fin: uno a uno, más temprano que tarde, La Muerte les va a dar caza.

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Si hacemos caso al dicho y concedemos que “segundas partes nunca fueron” ¿qué vamos a esperar de las cuartas partes aun cuando son en tres dimensiones? Destino final 3D ni siquiera  llega a ser más de lo mismo que sus predecesoras. Lejos queda ya la angustiosa escena del accidente de tráfico masivo de la segunda parte; esta vez la rocambolesca actuación de La Muerte apenas llega al gore light de las anteriores películas, y las imágenes explícitas de muertes, que predominaba en anteriores entregas, desaparece casi en su totalidad, y para rematar apenas hay escenas angustiosas.

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El 3D, el gran atractivo y reclamo de la película, tampoco se salva de la quema. Unas cuantas cosas saltan a la cara del público, o aparecen de pronto desde un lateral, pero en realidad las tres dimensiones se quedan bastante cortas para lo que se supone que debería ser una revolución del cine. Y aun así, en comparación con otros elementos de la película, es de lo más digno.

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Porque ¿qué guión se puede esperar de un producto como este? Sí, eso es: uno bastante pobre. La historia es anodina, las muertes muy poco imaginativas e incluso ya vistas; no hay suspense, tensión o mal rollo en general, e incluso cuando parece que la cinta va a dar un giro hacia el humor y la auto-parodia da la impresión de que los guionistas se acojonan y no aprovechan ese camino que podría haber convertido la cinta en una interesante experiencia irreverente y pasada de vueltas.

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Los actores no son nada del otro mundo pero al menos cumplen su función de no molestar y morir cuando deben. Mención especial para Mykelti Williamson, curtido en mil batallas y conocido sobre todo por su papel como Bubba en Forrest Gump. Algunos personajes, como el del racista sureño que se emborracha y escucha heavy metal, podrían haber dado mucho juego, pero quedan desaprovechados en favor de los anodinos protagonistas, unos chavales muy guapos pero planos y sin gracia. El intento más potente de dar relieve a los personajes está en nuestro amigo Williamson y su alcoholismo, pero se queda en una anécdota.

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Destacables son, por sacar algo positivo del film, las referencias, conscientes o inconscientes, que aparecen durante todo el metraje: las tres anteriores cintas de la saga tienen un sitio privilegiado en el corazón de ésta, lógicamente, pero además resulta curioso ver homenajes a, por ejemplo, una escena de Resident Evil (que, al mismo tiempo, homenajeaba una escena de Cube) y un relato (asqueroso y recomendadísimo para pasarlo mal) de Chuck Palahniuk llamado “Entrañas”. El final de esta película es una de las más curiosas coincidencias cinematográficas que os podéis echar a la cara ahora mismo. Seguro que Tarantino aplaudió al verlo.

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En definitiva, “ni chicha ni limoná”. Si los seguidores de la franquicia van a colmar sus expectativas, ni los que busquen gore encontrarán aquí algo que les satisfaga, no digamos ya cualquier otro tipo de espectador.

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EL IMAGINARIO DEL DOCTOR PARNASSUS

Kike, que habita en PODER FRIKI, es todo un gran amante de los universos con entidad propia, ricos en fantasía y por supuesto gran fan del desaparecido actor australiano Heath Ledger, y del inclasificable Terry Gilliam, director entre otras de esa obra de culto que es “Brazil” o “12 Monos”, sin olvidarnos de la maravillosa “El rey pescador”. Por eso es la persona indicada para acudir al pase de prensa de EL IMAGINARIO DEL DOCTOR PARNASSUS. Así que hoy os dejo con la firma invitada de Kike y su comentario sobre el último trabajo de este surrealista director británico.

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 En medio del deprimente Londres del siglo XXI, un carromato tirado por caballos despliega su carnavalesco espectáculo. Es el imaginario del «Doctor Parnassus»… a través de cuyo espejo el visitante se adentra en un lugar donde deberá enfrentarse con sus más ocultos sueños, deseos y pesadillas.

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Esta claro que género fantástico necesita un soplo de aire fresco, tras años de imitar a niños magos, guerras galácticas y anillos maléficos. Ha llegado un punto en el cual parece que estas películas se producen en una cadena de montaje, con el único interés de sacar beneficio rápido. Terry Gilliam, sin embargo, utiliza la fantasía con el único y triste propósito de escudarse en ella, como una tortuga bajo su caparazón. Hay un claro deseo de adentrarse en mundos sorprendentes, sí, pero no para fascinarse con lo que descubra allí, sino para huir del planeta Tierra. Y esto también es un gravísimo error.

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Ya en su versión de «Las aventuras del Barón de Munchausen» se planteaba todo el filme como una absurda lucha entre la imaginación contra la razón. Las mentiras del Barón parecían más válidas que toda la guerra que estaba teniendo lugar. Al final, no sabíamos que partes del relato eran «ciertas» y cuales no. Y tampoco importaba demasiado. En definitiva, la perspectiva del discurso resultaba deprimente y poco creativa, al asumir que la fantasía debe estar enfrentada por definición con la propia realidad.

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Sin embargo, en la menos conocida «Baron Prasil» (adaptación de Karel Zeman de la misma historia) el protagonista es un astronauta moderno que encuentra en la luna a los personajes de Julio Verne. Las aventuras que vive son divertidas y descabelladas, pero nunca se desprecia el suelo que pisamos… Barón y cosmonauta no son enemigos, sino amigos, pues es la imaginación la que hace avanzar el progreso y la ciencia quien mira con respeto y ternura los mitos del pasado. Es como la guapísima muchacha que siempre sube al mismo autobús que nosotros y con la cual no nos atrevemos a cruzar palabras, por miedo a que el hechizo quede destruido. Pues bien, conocer a esa chica misteriosa no la hará estallar en mil pedazos como si nos chocáramos contra un espejo: la transformará en un maravilloso ser de carne y hueso. Quizás no sea igual que la sílfide de nuestras ensoñaciones que pero sí que será REAL y esto la hace, automáticamente, mucho mejor. 

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Pero centrémonos en las peripecias del Doctor Parnassus: estamos ante una cinta extremadamente irregular, que alterna partes imaginativas y fascinantes con fragmentos tediosos, incomprensibles y absurdamente crueles. Algunos aciertos son ese Lucifer de caricatura, vestido como un gangster de los años 20, o la idea de que la magia más poderosa se oculte tras un cutre pedazo de papel albal. Pero seguir un argumento con tantísimas lagunas acaba resultando agotador. No es nada fácil identificarse con personajes cuyas motivaciones son tan oscuras y mutables. Ni tampoco es sencillo «entrar» en un universo que, por mucho que se nos prometa místico, carece de reglas propias… ¿Como es de grande ese lugar y hasta que punto importa tu propia personalidad mientras permanezcas en él? ¿Pueden de verdad morir aquí dentro los personajes? ¿Por qué correr, saltar o combatir? ¿Cuenta EN SERIO tu habilidad física? ¿Cómo se sale de este sitio? ¿Si es tan fácil tomar las elecciones morales, cómo es posible que alguien fracase?

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Otro dato importante: desconfiad profundamente de cualquier película en la que Colin Farrell tenga un papel relevante. Yo ahora mismo no recuerdo ni uno solo de sus personajes que me haya resultado simpático. Esta información viene al caso puesto que el segmento que protagoniza el actor resulta ser el PEOR de los episodios que conforman el filme.

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Aclararé que lo más triste de este experimento no es que pueda parecernos demasiado extravagante o pesado. Lo más triste es el desprecio al trabajo de Heath Ledger. Puesto que en su personaje tenemos al típico «bala perdida» destinado a redimirse al final, pero que por motivos obvios no será así, porque falleció el actor durante el rodaje de esta película. Se nota que el intérprete trabajó duramente el rol. Francamente, no considero oportuno el final que Gilliam ha planteado para ese papel.

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Por mis palabras, supongo que los lectores habrán descubierto, párrafos atrás, que ver esta película no me ha resultado una experiencia demasiado gratificante. No se puede decir que me haya aburrido sino que, más bien, que me ha provocado dolor de cabeza. Reí con un par de números musicales que me recordaron a los «Monty Pyhton» y me gustó la naturalidad de los actores protagonistas. Pero no soporté las interminables secuencias de CGI barato ni la filosofía cristiana que impregnan a todo el relato tanto este personal autor como su co-guionista, Charles McKeown con el que ya había colaborado en «Las aventuras del Barón Munchausen». ¿Cómo se puede evaluar objetivamente un trabajo tan claramente personal y pretendidamente artístico? Terry Gilliam no intenta contar una historia al uso. Ni siquiera tiene el menor interés por entretener a su público. Este filme habla, sencillamente, de él mismo.

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Al contrario que el director, yo seré claro en mis conclusiones: a la mayoría de vosotros no os gustará «El imaginario del Dr Parnassus». Pero a los que os guste, la disfrutaréis enormemente… por razones etéreas e imposibles de explicar.

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