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Crítica “Hard Candy”


“HARD CANDY” es el debut en la dirección del realizador de vídeoclips y anuncios publicitarios David Slade, sobre un guión de Brian Nelson, que hasta ahora sólo había trabajado para el campo televisivo, en series como Louise y Clark o JAG, es decir, nada destacable. Así pues, podríamos decir que es el debut de ambos en el campo del largometraje.
Es de alabar el guión de Nelson, porque ha tenido un momento de brillantez al escribir una historia, que he de confesar que me ha cautivado, por diversos motivos. El primero por utilizar los mitos para realizar una disección sobre una problemática social y llevarnos, como espectadores de la acción, al paroxismo de la controversia, tanto personal como social. El segundo, por no jugar con los estereotipos y los maniqueísmos, dado que la acción en manos de cualquier otro realizador o guionista bien hubiera o hubiese podido acabar en ese territorio, tan obsceno como poco inteligente. El tercero por darle una vuelta de tuerca al mito erotómano de LOLITA durante los primeros veinte minutos del metraje, perfectamente interpretado por Ellen Page, a la que tendremos que seguir de cerca, al igual que ya lo hizo en su momento Natalie Portman, jugueteando con Timothy Hutton en “BEATIFUL GIRLS”, para luego pasar a jugar con otro mito antológico como lo puede ser el de “Caperucita roja”, para retorcerlo hasta el infinito y más allá. Con el que, en su momento, Neil Jordan se trabajó sabiamente en “EN COMPAÑÍA DE LOBOS”, pero todo hay que decirlo, desde una perspectiva más fantástica, a diferencia del caso que nos ocupa, que lo lleva a un territorio más realista.

Slade partiendo de una trama tan sugerente como esta, empieza a eliminar las aristas del guión con mucha sabiduría, dado que la acción posee una gran carga de teatralidad, y me refiero a que juega con un único espacio, por donde se mueven los dos personajes. Así pues, hace un uso de un montaje muy medido, soberbio, dosificando la intensidad de la acción, sabiamente generada al jugar con los fuera de campos, medios y primeros planos, llegando a tener al espectador atrapado a la pantalla sin posibilidad de huida, por muy escabrosa que sea la escena. Todo un ejemplo de cómo realizar un slasher sin violencia gratuita, como en SAW. Además, huye de una fotografía onírica o fantástica, para darnos un brochazo de realidad, tan brutal como su trama, jugando con el color rojo para simbolizar la muerte o la virginalidad de los personajes, presentes o ausentes.
Pero ahí no acaba la ciencia de este artesano, dado que sólo tuvo 18 días para rodar el metraje y un presupuesto escaso. Es un gran director de actores, porque ayuda al poco conocido Patrick Wilson, dado que en nuestras carteleras sólo ha estrenado EL FANTASMA DE LA ÓPERA y EL ALAMO, a crear un personaje con el que es fácil identificarse, llegando a pasarlo realmente mal en algunos momentos de la acción. Eso por no hablar de la labor que hace con la joven actriz, que en sus manos es puro barro moldeable.
Así que nada más me queda que recomendarles el visionado de esta película audaz, intensa, brillante y genial. Que podrá convertirse con el tiempo en una película de culto, y con la que les aseguro que pasaran un mal rato, pero que les dará mucho que hablar a la salida.

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