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CARNE DE NEÓN-RUEDA DE PRENSA

El pasado 20 de enero tuvo lugar la presentación en sociedad del film “Carne de Neón”, que nos cuenta la sórdida vida de Ricky. Un joven vive en las calles y anhela con la salida de su madre de la cárcel. Por ese motivo decide montar un negocio, un prostíbulo llamado Hiroshima, para que lo regente su madre y de paso, darle un aliciente en la vida. Paco Cabezas, su director y guionista, acudió a la cita con los medios de comunicación arropado por el equipo artístico en bloque, es decir, Mario Casas, Vicente Romero, Blanca Suárez, Macarena Gómez y Dámaso Conde. No pudo acudir por estar rodando en Italia Ángela Molina, que sólo acudió al estreno del film. No me hartaré de recomendaros este largometraje canalla, divertido y tierno a partes iguales, para ver si os animo acudir a las salas para verlo hoy os traigo un resumen de la rueda de prensa que se celebró en el céntrico cine Palafox de Madrid.

RESUMEN DE LA RUEDA DE PRENSA

Fotos: Elena Cantera Garde

LA SOMBRA PROHIBIDA

Vamos a empezar la semana rescatando una sección que me gusta mucho, es la firma invitada. En este caso se trata del blogero Enrique Dueñas, gran conocedor de la obra de H.P. Lovecraft y de su criatura «Cthulhu». Por ese motivo, y porque además se encargó hace ahora un año de acudir al pase de la primera parte titulada «La herencia Valdemar«, le he elegido para fuera al pase y nos dijera si es recomenable o no esta adaptación en dos partes.

Aquí estamos, un año después, tratando de desentrañar los misterios de la mansión Valdemar. Mucho me temo, sin embargo, que hay pocas cosas que descubrir. Apenas sentarnos en la butaca, se nos arroja contra un nada sutil prólogo de diez minutos digno de novela de R.L. Stine. Una voz tremendamente dramática nos da más explicaciones de la cuenta para que recordemos los (escasos) acontecimientos de la anterior entrega. Entretanto, llamas, música con coros y efectos digitales. El que no hubiese visto la “Herencia Valdemar”, ya sabe que esperar tras esta introducción.

Ante todo, quiero advertir al lector de que no soy objetivo. El “terror clásico” es uno de mis géneros cinematográficos favoritos. Asimismo, me considero un gran admirador y defensor de la obra del escritor de Providence. También quiero creer que el cine patrio puede salir de esa zanja de ridícula autocompasión en la que parece estar sumido desde tiempo inmemorial. Crear una franquicia con posibilidades comerciales en el extranjero, tratar de entretener sin pretensiones, hacer uso de un universo de fantasía rara vez aprovechado, poner tiempo, esfuerzo y cariño en el proyecto… es imposible no estar de acuerdo con el espíritu que impregna este díptico. Si yo mismo tuviese catorce millones de euros, no los invertiría en algo muy distinto al título que hoy nos ocupa.

Pero esta película es espantosa. Nada ha cambiado respecto al producto ofrecido hace doce meses. Seguimos encontrando los mismos fallos tanto en el fondo como en la forma. El problema principal que parece tener José Luis Alemán es la necesidad de incluir de cientos de personajes sin demasiado impacto en el argumento ni el menor desarrollo psicológico. Por ejemplo, el célebre Jacinto Molina Álvarez interpreta a un mayordomo que, a pesar de sus numerosas líneas de diálogo, podría desaparecer sin el menor perjuicio para la trama. Estas figuras entran y salen de la película sin orden ni concierto. Y, por si esto fuera poco, sus acciones parecen basarse en motivaciones bastante oscuras (y no me refiero precisamente a que sean tenebrosas).

Se nos ha dicho una y otra vez que la inspiración principal del director ha sido el horror gótico de la Hammer. ¿Seguro? Hablamos de la productora que revolucionó el cine de terror. La productora que acogió la visión de Terence Fisher, uno de los más grandes directores del género. La productora que consiguió capturar los mejores momentos de la carrera de Christopher Lee y Peter Cushing. La productora que se atrevió, por primera vez, a incluir violencia explícita y erotismo descarado. No encuentro la menor similitud entre aquellas películas y el trabajo del señor Alemán. Nuevamente, las referencias laterales a la obra de Lovecraft resultan tan numerosas como sonrojantes. Si anteriormente disfrutamos del “rito de Dunwich”, esta vez nos encontramos con las “arañas de Innsmouth” que, al ser devoradas, permiten a los sectarios mantenerse cuerdos. Pero es que Innsmouth es una población pesquera habitada por mutantes que adoran a un dios oceánico. No hay arañas allí. Y aun aceptando la existencia de tan curioso aperitivo, la razón por la cual los sectarios emprenden acciones abominables es por que, precisamente, ya están locos.

Entrar en la wikipedia e incluir a martillazos sonoras palabrejas extraídas de relatos de dominio público no convierte a tu propia obra en una adaptación. Más bien en una violación. Por cierto, utilizar “antiguo” como sinónimo de “primigenio” demuestra, nuevamente, un desconocimiento total del trasfondo escogido. Los primigenio son entidades cósmicas de inagotable poder y que a ojos de los hombres sólo pueden considerarse dioses de infinita crueldad. Los antiguos, por otro lado, son seres alienígenas vegetales con grandes conocimientos en ingeniería genética que crearan la vida en la Tierra. La aparición del Gran Cthulhu (llamado extrañamente “Chuntu”), el señor de las pesadillas, es totalmente prescindible y decepcionará por igual tanto a los que ya le conocían como a los que le ven por primera vez. Roger Corman hizo un trabajo muy superior con “El palacio de los espíritus”. Y en aquel largometraje, el temible primigenio es un muñeco de plástico introducido en un barreño. Aclaro estos puntos por que dudo que nadie más lo haga. Pero no son importantes.

Sí es importante que se haya optado por hacer uso de imaginería satanista y cosmogonía cristiana. Las novelas de “horror cósmico” plantean que no somos más que una mota de polvo en la inmensidad del universo. Que la propia realidad es mucho más compleja y terrible que lo que nuestra limitada mente humana pueda imaginar. Esto entra directamente en conflicto con cualquier religión. Por eso resulta interesante. Hacer que los hechiceros lleven pentáculos impresos en sus togas, usen el número 666 y hablen de “las almas del purgatorio” destruye totalmente cualquier sentimiento de soledad. ¿Que sentido tiene utilizar una ambientación si se van a rechazar sus elementos diferenciales? ¿Para qué robar ideas dispersas de la obra de un autor si no se tiene intención de aplicar el tema principal que las dota de coherencia y unidad? ¿Por qué ignorar de pleno los hallazgos visuales y argumentales que proporciona un trasfondo tan completo y admirado? En definitiva, ¿para qué realizar un film de horror sin horror? Pero como el lector podrá comprobar, no es mi intención centrarme en la fidelidad ya que todo parecido entre este díptico de misterio y la obra de Lovecraft es pura coincidencia. No existe discusión posible.

El lenguaje que utilizan nuestros protagonistas es una lacra constante. Ya es malo tener demasiado metraje de “gente hablando en plano medio” pero la cosa se agrava cuando lo que hablan no nos interesa lo mas mínimo. Las conversaciones carecen de verosimilitud, dinamismo o subtexto. Son exactamente lo contrario a lo que se sugiere en cualquier manual de guión. El diálogo expositivo (y reiterativo) inunda un guión que busca desesperadamente nuestra complicidad. Una vez el desaprovechado (pero espectacular) clímax llega a su fin, se nos castiga con una resolución que parece alargarse hasta el infinito. Da la sensación de que el director tiene miedo de dejar cabos sueltos y, para evitarlo, nos tortura con innumerables aclaraciones. Pero es que la historia ya es suficientemente simple como para no requerir tanta explicación. Lo curioso es que, a pesar de esto… ¡quedan cabos sueltos! Incluso la edición parece deficiente. Repetitiva, sin ingenio y cruzando las historias paralelas de forma que no llegue a preocuparnos ninguna.

Es decir: todo mal. Soy incapaz de encontrar ninguna cualidad redentora a la cinta. Quizás que, por ahí, existe gente que estrena cosas todavía peores. Pero esa es una pobre excusa. He leído que, al menos, resulta entretenida. A mi, me aburrió. Me aburre ver a unos personajes ir de aquí para allá sin objetivos, me aburren los planos sin imaginación. Me aburre sentarme frente a una mala partida de un juego de rol. Especialmente claro resulta esto cuando los protagonistas se detienen durante incontables minutos a discutir en corro “qué hacer” para, después, seguir exactamente el mismo camino. O cuando encuentran toda suerte de objetos útiles en lugares inauditos. O cuando una voz en off acaba resolviendo el conflicto principal por que es más fácil esto que esperar a que los héroes actúen. Al final, tras tantas aventuras, sólo nos queda un cuento demasiado largo (y algo confuso) sobre “el amor”, “la amistad”, “el orden natural de las cosas” y “el triunfo del bien sobre el mal”… es decir, exactamente lo contrario que lo reflejado en la obra de Howard Phillips Lovecraft. Que, como ya se amenazó el año pasado, tiene un extraño cameo al principio de la cinta. Hace levitar un libro. Y, curiosamente, esto no es lo peor de la película.

Calificación: 3

DIEZ MINUTOS CON PACO CABEZAS

Este pasado viernes se ha estrenado en nuestras carteleras «Carne de Neón«. Se trata del nuevo trabajo del guionista y realizador sevillano Paco Cabezas Morillo que a sus 34 años se revela como un director con una marcada personalidad, y eso es de agradecer. Aprovechado la presentación a los medios de comunicación del film pude charlar con él durante diez minutos sobre su nuevo trabajo.

Entrevista y texto: Alfie
Fotos: Cortesía de Elena Cantera Garde

CARNE DE NEÓN

El mundo se divide en dos. Los que ponen la carne y los que se la follan.
Ricky.

“Carne de Neón” llega por fin este fin de semana a nuestras pantallas, tras su paso por festivales como Gijón, donde ha sido muy bien acogida tanto por la crítica como por el público. Está basada en el cortometraje homónimo realizado en el 2005 y que ha recorrido más de 22 festivales cosechando mucha fama. En ambos se nos narra las visicitudes de Ricky, un joven que sobrevive en las calles desde los 12 años porque su madre está en prisión. Se ha criado entre prostitutas, chulos y yonkis. Su única ilusión es volver a ver a su madre. Ahora va a cumplir los 23 y su esta va a salir de prisión, por eso decide levantar un nuevo proyecto de vida, el club Hiroshima, un puticlub que ella pueda regentar y dejar atrás su pasado como meretriz, y de paso recuperar el tiempo perdido. Pero, lo que parecía una idea feliz se convierte en todo un desastre.

Paco Cabezas escribe y dirige la alocada aventura de Ricky, que es desvergonzada, divertida, golfa, canalla y llena de grandes momentos. Es un híbrido perfecto entre el Almodóvar más descarado y que no hemos vuelto a ver, que firmaba títulos como “Laberinto de pasiones” o “Entre tinieblas”, con los nuevos realizadores como Quentin Tarantino, Danny Boyle o Guy Ritchie. Así este largometraje, y salvando las distancias, conecta como el mundo de “Trainspotting”, “Reservoir Dogs”,  “Snatch: Cerdos y diamantes” o “RocknRolla”. Es un film con diálogos lapidarios, desvergonzados, irónicos, y cargados de mucha mala uva, así como de humor negro. Personalmente me atraen las películas donde los personajes son desarraigados sociales o perdedores, desconozco el motivo, pero conecto con facilidad con esos universos.

Bienvenido sea este nuevo cine, con nuevos formatos, que son siempre de agradecer. Deslocalizada a propósito, y creo que es una buena idea, ya que se fueron a Argentina a rodar, porque hace que ese universo de bajos fondos sea verosímil. Salvo los personajes de Ricky, Pura, el turco y el director del film porno, todos repiten en su papel. Mario Casas toma el personaje que hiciera Óscar Jaenada en el corto. Es curioso ver como se aleja, en cierta manera, de los registros a los que nos tiene acostumbrados porque nos ofrece su perfil más heavy, y podríamos considerar este papel como la bisagra con el que le ha lanzado al estrellato, me refiero a “H”. Macarena Gómez, cada día mejor actriz, musa de toda la nueva hornada de directores. Espero que esta canija, que ya interpretara en el corto, la lance al estrellato. Esta actriz se lo merece, es como una hormiguita, no hace más que trabajar, a ver si de esta consigue que congraciarse con el gran público. Blanca Suárez, a la que vimos en “Cobardes” y “El cónsul de Sodoma” da vida a Verónica, personaje creado para la película. Está genial haciendo el papel de “Lolita” pero con una bis un tanto cañera. Ángela Molina toma el relevo a Victoria Abril que interpretaba en el corto a Pura, y nos demuestra una vez más que es una de las grandes. En cambio, Vicente Romero repite en su papel de Angelito, está tan genial como en el corto. Sabe darle el tempo y el tono adecuado a su personaje, uno de los más difíciles.

El principal problema que algunos le achacarán es que dirán que es un corto alargado. Cierto, sin albergar la menor duda. Pero no aburre, posee un buen ritmo, pasas un buen rato, que se trata de pagar 8 euros para estar entretenido ¿o no?.  Además, se atreve a bucear en los bajos fondos, en una historia negra llena de personajes tan tiernos como divertidos, tan curiosos como desvergonzados.

Calificación: 7

LA HERENCIA VALDEMAR

El pasado viernes se estrenó una de las películas españolas más ambiciosas, hasta el punto que es tan larga que consta de dos partes. En ella aparece nuestro desaparecido Paul Naschy, que como todos bien sabéis es más famoso fuera de nuestras fronteras que por nuestra patria. Mi estimado lector Enrique Dueñas, que es todo un experto en la obra de Lovercraft, le envié a cubrir el pase de prensa y la rueda. El largometraje comienza con la desaparición de Luisa Llorente, una reconocida experta en la valoración de mansiones antiguas, tras recibir el encargo de ir a tasar la legendaria y misteriosa mansión Valdemar. Pero no es la única,  otro tasador llamado Orquicia – compañero de Luisa- también desapareció cuando le enviaron a valorar el contenido de la mansión Valdemar. Por ese motivo, Maximilian, presidente de la compañía INMOBERANCE para la que trabajan ambos, contrata los servicios del detective Nicolás Tramel para que los encuentre. Y nada más llegar a la mansión el detective emprende un viaje al pasado en el que le acompaña la arrogante Doctora Cerviá, presidenta de la fundación Valdemar, quien le pone en antecedentes del caso y relata la tragedia de Lázaro y Leonor Valdemar, el matrimonio que habitaba la casa de la leyenda allá por el año de 1880. Pero la tragedia de esa pareja de vida aparentemente normal fue consecuencia de unos hechos espeluznantes relacionados con la celebración del llamado Rito de Dunwich, una puerta al conocimiento y a la realización de toda pretensión humana y el detective Kramer tendrá que desentrañar el inquietante pasado para intentar resolver el no menos escalofriante presente.

 

“LA HERENCIA VALDEMAR” se trata de un montón de ideas mediocres puestas en fila india, obteniendo así un cóctel errático y reiterativo en el cual no ocurre NADA relevante durante dos horas. ¿Esto es en serio una película? Si acaso el prólogo alargado de un mal telefilme. Absolutamente todo lo que nos cuenta “La herencia Valdemar” podía haberse resumido a cinco minutos, como es fácil de averiguar para el espectador medio, que encontrará escenas que repiten las mismas piezas de información. Al saber que estamos ante un producto dividido en dos partes, lo lógico sería encontrarse con la primera mitad, no con el episodio piloto para una mala serie de Fox.

Se ha remarcado que estamos ante una cinta de “terror clásico” pero creo que conviene hacer un matiz. No es “terror” sino “intento de drama victoriano”. Nótese el énfasis en la palabra “intento”, por favor. En ningún momento encontramos tensión ni inquietud de ningún tipo, algo que se trabaja mediante la atmósfera, eso que el cine de terror clásico manejaba a las mil maravillas. Por otra parte, la falta de química entre la pareja protagonista, destruye cualquier aproximación al romance que ocupa la mayor parte del metraje. La gratuita aparición de unos cuantos personajes históricos anglosajones ayuda a elevar el nivel de delirio, sobre todo al oír su acento castizo.

El guión resulta atroz pero eso podía haber sido atenuado con una buena dirección. Por desgracia, la dirección es aún peor. La realización, carente de personalidad, demuestra ya no inexperiencia sino desinterés. La cámara NUNCA enseña lo que queremos ver, ni uno solo de los escasos “sustos” consigue sobresaltarnos, los elementos sobrenaturales son mostrados sin habilidad y aunque el director de fotografía realiza un trabajo correcto, hay claramente demasiada luz en la mayor parte de las imágenes, restando cualquier misterio a los acontecimientos.

Los actores hacen lo que pueden y algunos de los intérpretes incluso sorprenden por la naturalidad con la que se defienden de unos diálogos completamente lamentables. Quiero destacar la labor de Francisco Maestre y el desaparecido Paul Nachy,  Sin embargo, la mayor parte de los personajes no se libran de llevar a cabo actitudes caricaturescas que hacen poco por la (ya escasa) verosimilitud de la ficción propuesta. Frases lapidarias subrayadas innecesariamente por miradas o efectos sonoros, comportamientos más propios de dibujos animados que de un largometraje de horror (véase la sutileza de los “espías”)…

Se percibe además un conocimiento absolutamente SUPERFICIAL de la obra del escritor de Providence. Para empezar, el mero hecho de llamar a la ceremonia arcana “El rito de Dunwich” carece de sentido, ya que Dunwich es, únicamente, una localidad arrasada por una abominación semihumana. El único monstruo de la película, “El devorador”, se utiliza como excusa para hacer aparecer un muerto viviente que guarda un siniestro parecido con el Skeletor de Frank Langella. Tener a tu alcance una cosmogonía tan compleja y utilizarla como excusa para sacar un puñetero zombie demuestra claras carencias de ingenio.

En la rueda de prensa, cuando se le preguntó por qué no adaptar un relato concreto, el director respondió que eso es casi imposible por la falta de diálogos y el exceso de líneas descriptivas. Su ejemplo era el de una mujer con un candelabro que tarda una eternidad en cruzar una habitación… Obviamente, este hombre no sabe lo que está diciendo: en los libros de Lovecraft NO hay mujeres y candelabros (entiéndase esto como una referencia a la literatura gótica clásica). Y si por algo se caracterizan sus textos no es tanto por el número de descripciones como por lo estrambóticas que son estas aunque, ¿lo interesante de un medio visual no es, precisamente, dar tu propia visión de la palabra escrita?

Al parecer, no se ha buscado fidelidad al argumento, sino al “tono” de las obras. Pues bien, ya que hablamos de “tono”, habría que aclarar que el de esta película no puede ser más lejano al de cualquiera de los relatos originales. Todas las escenas se centran en una trama amorosa (cuando Lovecraft JAMÁS incluía este tipo de temas en sus escritos), los extraños Dioses astrales no producen más inquietud que un Belcebú cualesquiera y no se hace el menor intento de recrear la desasosegante demencia que experimentan los protagonistas al acercarse al Mal, locura que muchas veces nos hace plantearnos si su narración es fiable.

Lo peor de todo es que “La herencia Valdemar” aburre. Al menos los primeros cuarenta minutos contienen tal cantidad de tópicos y frases ridículas que es fácil hallar la risa. La sensación que queda es que con una edición más inteligente podrían haberse reducido dos películas malas y largas como un día sin pan, a un solo filme aceptable de duración media. Es decir, que sobran horas de metraje. ¿Existen películas peores? Sí. Pero eso no exime a este triste experimento.

Todos estos fallos son comunes al hablar de un director novel y sería injusto ignorar que se nota mucho esfuerzo. Aunque, llamadme mala persona, pero dudo sobremanera que tras este comienzo (fallido a todos los niveles), nos encontremos un centenar de piezas maestras. Me gustaría poder decir que admiro la valentía de los productores, apoyando un producto que no cuenta con subvenciones, o que me alegra ver como el fantástico sigue haciéndose un hueco en este país. Pero no puedo. No con este resultado final. Una vez finalizada la película, hay un pequeño “teaser” con lo que nos encontraremos en la secuela. Vemos nada menos que al Gran Cthulhu en todo su digital esplendor. Nuestro villano favorito por primera vez en la gran pantalla. ¿Por qué Cthulhu y no otro Primigenio más adecuado al universo presentado? Obviamente, por que es el más famoso. Y por que la gente que ha hecho la película conoce a estos personajes por el juego de rol de Chaosium y no como entidades pertenecientes a la obra de un genio del terror. Además, se promete un nuevo cameo: en la película aparecerá físicamente el mismísimo H.P. Lovecraft. Al parecer, interpretado por un gallego de pintoresco acento. Perdón… ¿alguien ha llamado al circo volador de los Monty Pyhton?

Aclaro que sí recomendaría el visionado de esta segunda parte (se espera su estreno en otoño) aunque sólo sea para comprobar si, verdaderamente, se cuenta una maldita historia. En fin, aquí tenemos otro despropósito más que engrosa la larga y triste lista de chorradas supuestamente basadas en Lovecraft. Curiosamente, en España somos auténticos expertos: primero fue Juan Piquer Simón con “La mansión de Cthulhu”, más adelante Stara Gordon con “Dagon” (con la última interpretación de Paco Rabal) y ahora tenemos esta “Herencia Valdemar” que, aunque renuncia al gore y carece del ritmo de sus predecesoras, conserva el resto de elementos característicos de este divertido subgénero.