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LOS MONTY PYTHON EN EL CINE ESTUDIO

El cine estudio del Círculo de Bellas Artes de Madrid dedica un ciclo al grupo de cómicos ingleses supone un repaso a gran parte de su cinematografía. Así que es una ocasión única de ver en pantalla grande estos clásicos de la comedia desde el 25 de mayo al 6 de junio. Os prometemos momentos delirantes, surrealistas y cargados de mucha retranca.

A las puertas de Jerusalén, una multitud de mujeres judías se disfraza con grotescas barbas postizas para poder participar en una lapidación. Cuatro caballeros andantes con sus túnicas, sus cotas de malla y sus yelmos trotan sin caballos, como niños de siete años, por un bosque. Un serio profesor inconfundiblemente inglés empieza metódicamente a desnudarse en una clase de educación sexual que acaba con este provecto funcionario fornicando con una no menos seria y británica profesora que guarda cierto parecido con Margaret Thatcher. Todas estas escenas forman parte de la historia del mejor cine de humor y nacieron de las disparatadas mentes de Graham Chapman, John Cleese, Terry Gilliam, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin, también conocidos como los Monty Python (o los Python, a secas).

Este grupo británico de humoristas, activo entre finales de los años sesenta y comienzos de los ochenta del siglo pasado sintetizó en clave de humor la idiosincrasia británica. Provenientes del mundo del teatro estudiantil, los Monty Python se conocieron a mediados de los años sesenta y colaboraron juntos en varios espectáculos teatrales antes de embarcarse en el proyecto que les llevaría a la fama: su serie para la televisión inglesa Monty Python’s Flying Circus (El Circo Ambulante de los Monty Python). Aunque sus gags incluían en muchas ocasiones una importante carga de crítica social, en su mayoría se centraban en un sentido del humor absurdamente surrealista. El primer episodio de Monty Python’s Flying Circus se emitió el 5 de octubre de 1969 por la BBC. La serie siguió en antena hasta 1974, y tuvo sus secuelas en productos de mucho mayor impacto, especialmente películas que marcaron una nueva forma de hacer humor en el cine. Hasta tal punto que, según algunos, el grupo influyó tanto en la comedia como los Beatles en la música. Hicieron muchas otras películas por separado, pero los Monty Python como grupo sólo hicieron cinco películas, todas ellas enormemente emblemáticas y bien conocidas por cualquier aficionado al cine.  Las cinco se proyectan en el ciclo que el Cine Estudio del CBA dedica al grupo de humor británico:

Se armó la gorda (And Now for Something Completely Different). Ian McNaughton, Reino

Unido, 1971, 88’, VE

Los caballeros de la mesa cuadrada (Monty Python and the Holy Grail). Terry Gilliam +

Terry Jones, Reino Unido, 1975, VOSE

La vida de Brian (Life of Brian). Terry Jones, Reino Unido, 1979, 94’, VOSE

Monty Python en Hollywood (Monty Python Live at the Hollywood Bowl). Terry Hughes

+ Ian McNaughton, Reino Unido, 1982, 77’, VOSE

El sentido de la vida (The Meaning of Life). Terry Jones + Terry Gilliam, Reino Unido,

1983, 107’, VOSE

25.05.10 + 29.05.10 > 06.06.10. Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes

Entrada: 5 €. Socios, mayores de 65 y Carnet Joven: 3’40 €. Abono 5 entradas: 15 €

EL IMAGINARIO DEL DOCTOR PARNASSUS

Kike, que habita en PODER FRIKI, es todo un gran amante de los universos con entidad propia, ricos en fantasía y por supuesto gran fan del desaparecido actor australiano Heath Ledger, y del inclasificable Terry Gilliam, director entre otras de esa obra de culto que es “Brazil” o “12 Monos”, sin olvidarnos de la maravillosa “El rey pescador”. Por eso es la persona indicada para acudir al pase de prensa de EL IMAGINARIO DEL DOCTOR PARNASSUS. Así que hoy os dejo con la firma invitada de Kike y su comentario sobre el último trabajo de este surrealista director británico.

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 En medio del deprimente Londres del siglo XXI, un carromato tirado por caballos despliega su carnavalesco espectáculo. Es el imaginario del «Doctor Parnassus»… a través de cuyo espejo el visitante se adentra en un lugar donde deberá enfrentarse con sus más ocultos sueños, deseos y pesadillas.

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Esta claro que género fantástico necesita un soplo de aire fresco, tras años de imitar a niños magos, guerras galácticas y anillos maléficos. Ha llegado un punto en el cual parece que estas películas se producen en una cadena de montaje, con el único interés de sacar beneficio rápido. Terry Gilliam, sin embargo, utiliza la fantasía con el único y triste propósito de escudarse en ella, como una tortuga bajo su caparazón. Hay un claro deseo de adentrarse en mundos sorprendentes, sí, pero no para fascinarse con lo que descubra allí, sino para huir del planeta Tierra. Y esto también es un gravísimo error.

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Ya en su versión de «Las aventuras del Barón de Munchausen» se planteaba todo el filme como una absurda lucha entre la imaginación contra la razón. Las mentiras del Barón parecían más válidas que toda la guerra que estaba teniendo lugar. Al final, no sabíamos que partes del relato eran «ciertas» y cuales no. Y tampoco importaba demasiado. En definitiva, la perspectiva del discurso resultaba deprimente y poco creativa, al asumir que la fantasía debe estar enfrentada por definición con la propia realidad.

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Sin embargo, en la menos conocida «Baron Prasil» (adaptación de Karel Zeman de la misma historia) el protagonista es un astronauta moderno que encuentra en la luna a los personajes de Julio Verne. Las aventuras que vive son divertidas y descabelladas, pero nunca se desprecia el suelo que pisamos… Barón y cosmonauta no son enemigos, sino amigos, pues es la imaginación la que hace avanzar el progreso y la ciencia quien mira con respeto y ternura los mitos del pasado. Es como la guapísima muchacha que siempre sube al mismo autobús que nosotros y con la cual no nos atrevemos a cruzar palabras, por miedo a que el hechizo quede destruido. Pues bien, conocer a esa chica misteriosa no la hará estallar en mil pedazos como si nos chocáramos contra un espejo: la transformará en un maravilloso ser de carne y hueso. Quizás no sea igual que la sílfide de nuestras ensoñaciones que pero sí que será REAL y esto la hace, automáticamente, mucho mejor. 

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Pero centrémonos en las peripecias del Doctor Parnassus: estamos ante una cinta extremadamente irregular, que alterna partes imaginativas y fascinantes con fragmentos tediosos, incomprensibles y absurdamente crueles. Algunos aciertos son ese Lucifer de caricatura, vestido como un gangster de los años 20, o la idea de que la magia más poderosa se oculte tras un cutre pedazo de papel albal. Pero seguir un argumento con tantísimas lagunas acaba resultando agotador. No es nada fácil identificarse con personajes cuyas motivaciones son tan oscuras y mutables. Ni tampoco es sencillo «entrar» en un universo que, por mucho que se nos prometa místico, carece de reglas propias… ¿Como es de grande ese lugar y hasta que punto importa tu propia personalidad mientras permanezcas en él? ¿Pueden de verdad morir aquí dentro los personajes? ¿Por qué correr, saltar o combatir? ¿Cuenta EN SERIO tu habilidad física? ¿Cómo se sale de este sitio? ¿Si es tan fácil tomar las elecciones morales, cómo es posible que alguien fracase?

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Otro dato importante: desconfiad profundamente de cualquier película en la que Colin Farrell tenga un papel relevante. Yo ahora mismo no recuerdo ni uno solo de sus personajes que me haya resultado simpático. Esta información viene al caso puesto que el segmento que protagoniza el actor resulta ser el PEOR de los episodios que conforman el filme.

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Aclararé que lo más triste de este experimento no es que pueda parecernos demasiado extravagante o pesado. Lo más triste es el desprecio al trabajo de Heath Ledger. Puesto que en su personaje tenemos al típico «bala perdida» destinado a redimirse al final, pero que por motivos obvios no será así, porque falleció el actor durante el rodaje de esta película. Se nota que el intérprete trabajó duramente el rol. Francamente, no considero oportuno el final que Gilliam ha planteado para ese papel.

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Por mis palabras, supongo que los lectores habrán descubierto, párrafos atrás, que ver esta película no me ha resultado una experiencia demasiado gratificante. No se puede decir que me haya aburrido sino que, más bien, que me ha provocado dolor de cabeza. Reí con un par de números musicales que me recordaron a los «Monty Pyhton» y me gustó la naturalidad de los actores protagonistas. Pero no soporté las interminables secuencias de CGI barato ni la filosofía cristiana que impregnan a todo el relato tanto este personal autor como su co-guionista, Charles McKeown con el que ya había colaborado en «Las aventuras del Barón Munchausen». ¿Cómo se puede evaluar objetivamente un trabajo tan claramente personal y pretendidamente artístico? Terry Gilliam no intenta contar una historia al uso. Ni siquiera tiene el menor interés por entretener a su público. Este filme habla, sencillamente, de él mismo.

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Al contrario que el director, yo seré claro en mis conclusiones: a la mayoría de vosotros no os gustará «El imaginario del Dr Parnassus». Pero a los que os guste, la disfrutaréis enormemente… por razones etéreas e imposibles de explicar.

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LETICIA DOLERA EN EL PAÍS DE LOS FREAKIS

La jornada de ayer estuvo plagada de anécdotas variopintas y de muy buenas películas. Leticia Dolera, que presentó ayer los diversos films con una ajustada camiseta negra que ponía: “quiero ser una hada”, nos enterneció. Pero nos empezó a preocupar cuando durante la presentación de “PROMISE” del director chino Kaige Chen, se saltó el guión y se enzarzó dialécticamente con un grupo del público, hasta ovnimuestra.JPGel punto que pasó de contar de qué iba la película y se fue aparentemente enfadada. “PROMISE” estuvo nominada a los globos de oro, arrancó en la jornada de ayer aplausos, no defraudó pero no alcanzó la altura formal de su compatriota Yimou. Nos dio una buena dosis de cine de fantasía y acción con claras referencias a “Matrix” y por supuesto, tomas muy espectaculares. Las aguas volvieron a su cauce cuando vimos salir a Leticia para presentar en este caso la siguiente película de la muestra “TIDELAND”. Estuvo la mar de graciosa, y sobre todo muy ingeniosa, consiguió vacilar a propios y extraños, cuando pidió un aplauso para Jeff Bridges, que como era obvio no apareció. Como dice el dicho: “donde las dan, las toman” Y así dio paso a una controvertida visión particular del entrañable cuento de fantasía Alicia en el País de las Maravillas, eso es “TIDELAND” Tampoco defraudó, es más arrancó un caluroso aplauso al cine Palafox al término de la proyección, cortó las orejas al toro y colgó el cartel de no hay entradas.

TIDELAND
Leticia volvió a salir para presentar el último film de los Pang Brothers despidiéndose tiernamente de nosotros hasta mañana, terminando la faena cortando las dos orejas y con un gran aplauso de todo el Palafox, desde aquí sólo puedo decir Leticia te queremos y esta muestra sin tus presentaciones no serían lo mismo. Con “MESSENGERS” los Pang Bros colgaron también el cartel de no hay entradas. Es un eficaz film de terror, que en este caso no cortaron las orejas pero si los aplausos del respetable aunque también consiguieron dividir a la congregación de fans del género, se podía oír a la salida que era una gran castaña o que había gustado, pero nadie se quedó en un término medio.

THE MESSENGERS
Y las risas llegaron a la muestra pasada la hora bruja con una película de serie B llamada “HATCHED”, que carecía absolutamente de pretensiones y en la que podíamos ver correr la sangre a raudales. La última anécdota que os quería contar es que ya tenemos un comprador para el OVNI que está expuesto en la muestra y te lo puedes llevar a casa por el módico precio de 300 euros. No me digáis que no se fardaría con ese pedazo de platillo en medio del salón.