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EWAN McGREGOR AL DESNUDO

Dedicado a Edu y Gon.

Este actor escocés ha ganado mucho con el tiempo, ha conseguido trascender de ídolo de masas con personajes como Obi Wan Kenobi y demostrar que siempre ha sido un gran actor, para involucrarse en proyectos que algunos tacharían o calificarían de raros, como la recienteLos hombres que miraban fijamente a las cabras”. De sus inicios ya os hablamos en otros posts y que podéis leer aquí si no lo hicisteis en su día. Hoy quiero adentrarme en otra característica de los proyectos que suele aceptar y es que le gusta lucir palmito y lo hace con gracia y salero. Comenzaré por orden cronológico.

La primera vez que apareció como su madre le trajo al mundo fue el mismo año en el que debutó en el cine, hablo del año 1993 y de la producción televisiva “The Scarlet and the Black” donde interpretaba a Julien Sorel. Se trataba de la adaptación televisiva de la novela de Stendhal “Rojo y negro” en la que ilustraba la atmósfera de la sociedad francesa en la Restauración. Stendhal representó en el joven llamado Julien Sorel, el modelo de las ambiciones y frustraciones de la época, haciendo ver los problemas que se daban entre las distintas clases emergentes en los años que precedieron a Luis Felipe de Orleans. Dirige esta serie Ben Bolt. Allí nos ofreció todo un recital de desnudos posteriores del actor galés, el más largo es en la secuencia donde sale huyendo mientras es disparado por el marido ofendido.

Tuvimos que esperar tres años para ver sus atributos en la segunda colaboración con el director británico Danny Boyle, hablo obviamente del año 1996 y del largometraje Trainspotting”. Se trataba de la adaptación cinematográfica de la exitosa novela de escritor galés Irvine Welsh. En este caso daba vida al drogradicto Renton. La secuencia en cuestión es en la que el joven protagonista adicto a la heroína hace el amor con Diane y que al finalizar es echado a patadas literalmente de la cama, habitación y por supuesto de la casa. Uno de los polvos más divertidos y cortos del cine, todo hay que decirlo.

En ese mismo año nos volvió a dar todo un recital en paños menores en la gran película de Peter Greenaway The Pillow Book”. En este caso también se trata de una adaptación cinematográfica de la novela escrita por el autor japonés Sei Shonagon. Aquí daba vida a Jerome que pide a su amante Nagiko que escriba de nuevo el libro escrito por su padre, pero ahora sobre su cuerpo y que él lo presentará al editor para su publicación. Nagiko cubre a su amante con un texto que anuncia poéticamente un plan con otros doce más, donde el cuerpo y la palabra se consideran indivisibles. Así que como os podéis imaginar bien McGregor aparecía en pelota picada y podíamos ver su cuerpo cubierto de grafías japonesas.

 

En 1998 se atrevió con una versión, hablo del largometrajeLa sombra de la noche, dirigido por el autor del filme original que no es otro que Ole Bornedal. Aquí interpretaba a Martin Bells, un estudiante que de noche trabaja como vigilante nocturno en un hospital, tiene asignada la vigilancia del depósito de cadáveres. La monotonía de su trabajo se ve alterada desde el día que su amigo James decide utilizar el depósito como lugar para sus juegos morbosos. Pero la situación se complica más todavía cuando se producen una serie de asesinatos de índole sexual, siendo Martin el principal sospechoso del inspector Cray. Bornedal hace un picado en la escena del baño y allí le podremos ver una vez más en paños menores.

En ese mismo año el director norteamericano independiente Todd Haynes le selecciona para su filme Velvet Goldmine para que interpretase a una suerte de James Newell Osterberg, Jr, más conocido por todo el mundo como Iggy Pop en su más pura esencia, gracias al papel de Curt Wild. Esta es la primera vez que aparece McGregor cantando con su propia voz un tema del famoso cantante llamado “Gimme danger”, y obviamente hizo una interpretación en el más puro estilo del artista de Michigan. Así Haynes nos ofreció de nuevo nueva panorámica su miembro viril y posterior del McGregor.

A partir de aquí sufrió un ataque súbito de castidad que le duró todo el rodaje de la segunda trilogía de Star Wars, así en 2003 concretamente en el film Young Adam volvió a ofrecer un desnudo integral posterior. Las gracias se las debéis al director David Mackenzie que en este caso adaptaba la novela escrita por Alexander Trocchi. Aquí era Joe Taylor un joven que encuentra trabajo en una barcaza propiedad de Les y su enigmática mujer Ella. Una tarde Joe y Les encuentran el cuerpo de una mujer flotando en el agua. ¿Accidente?¿Suicidio?¿Asesinato? Mientras que la policía investiga el caso y arresta a un sospechoso, se hace cada vez más evidente que Joe sabe más de la mujer ahogada de lo que dice. Son tres las secuencias donde sale desnudo, inclusive nos ofrece una vista frontal.

La antepenúltima vez que aparecía desnudo en la gran pantalla es en un largometraje realizado en 2008 y que no ha llegado a estrenarse en nuestro país, se trata deIncendiary dirigida por  Sharon Maguire que en este caso se trataba de la adaptación del best seller escrito por Chris Cleave. La historia se centra en una mujer cuya vida es destruida cuando su marido y su pequeño hijo son asesinados en un ataque suicida durante un partido de fútbol. Ella estaba enrollada con un periodista cuando ocurrió todo. Es en ese mismo instante cuando aparece como su madre le trajo al mundo una vez más.

Y ahora os estaréis preguntando cuál es la penúltima, muy sencillo, para eso debéis esperar dos semanas al estreno del nuevo y magnífico trabajo de Roman Polanski llamado “The ghost writer” que en nuestro país la distribuidora la traducido como “El escritor”. Como todos bien sabéis se alzó con el Oso de Plata al mejor largometraje en la última edición de la Berlinale, y que os adelanto, porque un servidor ya la ha visto y se trata de toda una obra maestra, pero eso será motivo de una gran sesión doble, con quién os preguntaréis, eso también es sorpresa. Os prometo que a medida que este actor nos vaya deleitando con más desnudos iremos actualizando este post.

“I’M NOT THERE” Y “EL SOLISTA”

Amigos, hoy viernes voy a realizar una recomendación doble, un megapost, porque hoy se estrenan dos magníficas películas que han tenido que esperar durante mucho tiempo para verse estrenadas, y ambas poseen varios nexos común: son retratos de la sociedad norteamericana, usan la música como vehículo y en ambas aparece el joven actor Marcus Carl Franklin.

 Tu crees que le importará algo de lo que hago a una persona que se levanta a las ocho para trabajar.
Jude.

Yo acepto el caos, pero no estoy seguro que él me acepte a mi.
Arthur Rimbaud.

Sólo los estúpidos se creen lo que ponen los periódicos.
Billy.

La primera es “I’M NOT THERE” de Todd Haynes realizador de joyas como “Poison” o “Lejos del cielo“. Obviamente no iba a realizar el típico biopic sobre la vida del cantante Bob Dylan. Para ello plantea un viaje a lo largo y ancho del continente norteamericano, desde lo rural a la metrópoli, desde las raíces del folk, rythm & blues hasta el pop más contracultural a través de seis personajes, como una serie de personas cambiantes, que van de lo público a lo privado, a lo fantástico, tejiendo un rico y colorido retrato de este icono americano. Nadie puede negar que Dylan es y será un poeta, profeta, fuera de la ley, fraude, estrella, mártir del rock and roll, cristiano renacido. Haynes mezcla géneros con una gran solvencia y realiza un collage con estas siete personalidades ofreciéndonos un retrato poliédrico denso y vibrante como lo es la propia vida del cantautor.

Los seis personajes son Arthur, interpretado por Ben Whishaw, es un poeta renegado, es el narrador “de facto” de la película. Woody, al que da vida el joven Marcus Carl Franklin, un niño precoz, que a pesar de tener 11 años y ser negro, se llama a sí mismo Woody Guthrie. Woody ha adoptado la postura y las formas del trovador polvoriento. Christian Bale es el encargado de meterse en la piel del primer personaje que consigue el éxito, cantando sobre su propia época,  el cantante se llama Jack, quien encabeza la escena de canción protesta en el Greenwich Village de principios de los 60 con canciones propias, potentes actuaciones y discos destacados. Jack representa a Dylan durante el revival folk de principios de los 60 con grabaciones históricas como “The Freewheelin Bob Dylan” y “The Times They A-Changin”. Heath Ledger que ya coincidiera con Bale en “El caballero oscuro” encarna a un joven actor de Nueva Cork llamado Robbie, entusiasta de las motos, se dirige hacia la fama en circuitos contra culturales con su actuación en la película biográfica sobre el desaparecido Jack.

Todos son Bob Dylan

Mientras Robbie lucha por encontrar el equilibrio entre su vida privada y la fama, Jude, papel por el que Cate Blanchett está cosechando mil y un premios, se rinde en cuerpo y alma a desafiar a su público folk. Siguiendo de cerca sus aventuras de mediados de los 60 y los clásicos del folk rock, “Highway 61 Revisited” y “Blonde on Blonde”, Jude escandaliza a sus fans abrazando la electricidad y con una personalidad nihilista, alimentada por las anfetaminas. Su nuevo sonido cosecha alabanzas de artistas como Allen Gingsberg (David Cross), o Coco Rivington (Michelle Williams) y le da fama internacional, pero enfurece a su público de toda la vida, sin mencionar a periodistas como Mr. Jones (Bruce Greenwood).

La resurrección de Jude llega a través del Pastor John (Christian Bale), que es Jack 20 años después, un predicador, cristiano renacido, que ha cambiado su carrera en la música folk por el gospel. El Pastor John representa la conversión de Dylan al cristianismo a finales de los 70, y las grabaciones gospel que produjo y grabó del 79 al 81, “Slow Train Coming”, “Saved” y “Shot of Love”. Finalmente, el último y mayor de los personajes es descubierto totalmente apartado del mundo. Billy (Richard Gere) imagina a Dylan como el forajido de la fábula “Billy el Niño”, después de sobrevivir a su famoso enfrentamiento y encontrar refugio en la metafórica ciudad de Reídle. Pero cuando se extiende el rumor de la inminente desaparición de la ciudad, se ve forzado a enfrentarse a su antiguo Némesis, Pat. Garret (Bruce Greenwood) y Billy deben abandonar su santuario y seguir adelante. Aquí la historia hace referencia a los muchos exilios de Dylan de la vida pública a través de su carrera, incluyendo su primer retiro a Woodstock en 1967 donde grabó las “Basement Tapes”. El género western refleja su continuo interés por la música country, además de por la música de raíces tradicional americana.

Haynes de esta manera se introduce en la vida de Dylan sin ataduras emocionales o morales, y nos ofrece un fresco de la época más convulsa sociedad norteamericana de finales del siglo XX provocada por revueltas raciales, laborales, la guerra de Vietnam. Todo un docudrama sobre este cantante que se erigió en la voz del pueblo, que les hizo pensar, que les influyó, que traspasó la línea de icono de la música para ser un líder generacional. En el filme se mezcla la ironía, pasión por la música y sus raíces, así como la belleza por la naturaleza. Es uno de las películas imprescindibles de este fin de semana.

Calificación: 8,5

No le puedes cambiar, tienes que ser su amigo.
Mary Weston.

La segunda película que os voy a recomendar es “EL SOLISTA” que también lleva la friolera de dos años esperando estreno en nuestras pantallas. Supone el regreso del director británico realizador de “Expiación” y de la versión de “Orgullo y prejuicio”, hablo obviamente de Joe Wright. Esta película se basa en la experiencia personal de un periodista llamado Steve Lopez y que reflejó en un libro llamado “El solista: un sueño perdido, una amistad improbable y el poder redentor de la música”. Susannah Grant se ha encargado de adaptarlo a la gran pantalla. Ella es famosa por la adaptación de otra gran experiencia personal, la de “Erin Brockovich”, con la que Julia Roberts se alzó con la estatuilla dorada hace unos años.

Wright dirige esta maravillosa historia de amistad, locura y música. En la que Steve Lopez es un columnista del “Los Angeles Times”, que un día buscando una historia se tropieza con un músico en la calle llamado Nathaniel Ayers que toca un violín con dos cuerdas. Es un vagabundo más de la gran metrópoli norteamericana, pero como todos  posee un pasado, y Steve buceará en él para intentar volver a sacarle a flote.

Esta es la premisa de partida para una hermoso largometraje en el que el trabajo de los actores es uno de los pilares. Así Robert Downey Jr. que encarna al periodista nos ofrece de lejos su mejor interpretación, con ella se ha puesto el listón muy alto. Y es más, creo que podemos decir sin temor a equivocarnos que ha entrado definitivamente en la galería de las escasas ESTRELLAS, de verdad, de Hollywood. Está maravilloso. Te conmueve, te mantiene en suspense, le da vida y es verdadero motor del filme. Le acompaña Jamie Foxx, que se mete en la vida del esquizofrénico Nathaniel Ayers. Él consigue estar a la altura de las réplicas de Downey y no sale mal parado. Para mi es su mejor interpretación hasta la fecha, no está histriónico como suele ser habitual en él. Su contención se debe en gran medida a la gran labor de Wright dirigiendo actores. Entre los dos consiguen hacer un fresco de la otra sociedad norteamericana que no suele salir en las películas habitualmente. Esa sociedad de los desheredados.

En todo el mundo a finales del siglo XX se llegó a un acuerdo que había que reinsertar a los enfermos mentales, por eso si estaban medicados podían dejar las instituciones psiquiátricas para desarrollar labores con el resto de los ciudadanos. Esto es muy bonito sobre el papel, pero en una sociedad como la norteamericana que es verdaderamente compleja, este tipo de pacientes acaban en la calle, siendo los desheredados de la sociedad. Las causas son diversas y casi todas están plasmadas en el filme, y obviamente no quiero desvelarlas para no destriparos el sólido e interesante guión firmado por Grant. Esta es la otra cara de “Alguien voló sobre el nido del cuco”, sopor el maltrato que podían sufrir en esas instituciones, no lo digo por eso. Me refiero a qué es lo que pasa cuando dejamos de atenderlos tanto a nivel familiar como social.  En él se aprecian claramente los límites de eso que todos llamáis el sueño americano. Los límites de lo que un ciudadano medio norteamericano es capaz de tolerar y asumir.

De una sociedad donde sólo hay ricos y pobres, donde la clase media ha desaparecido prácticamente, donde las diferencias son abismos insalvables. Además en el guión quedan claramente plasmadas las motivaciones y razones que rigen las vidas de los personajes, haciéndolo más grande si cabe. Pero también es muy complejo porque hace todo un ejercicio de empatía e intenta meterse en mente de Ayers para intentar reflejarnos de una manera cinematográfica como siente la música, generando la secuencia más psicodélica del largometraje, y que posee fuertes aromas de ese genio llamado Stanley Kubrick.

Dario Marianelli vuelve a firmar otra de sus grandes composiciones, os recuerdo que en su haber tiene “Ágora” y “Expiación”, para mí sus dos mejores partituras. Entre Grant y Wright crean un relato que es conmovedor, desgarrador y muy entrañable en algunos momentos. Es simplemente maravillosa, no os perdáis esta película acerca del amor, la inspiración y la fuerza que alcanzan las personas capaces de ayudarse mutuamente, salvado el aislacionismo en el que vivimos en el seno de megaciudades construidas a base hormigón y asfalto. Es un pecado de cinéfilos. Dejaos de efectos especiales y ver una hermosa y conmovedora historia como la protagonizada por Ayers y Lopez. Desde “Frances” para los de la ESO, una aproximación a la vida de la actriz Frances Farmer no había visto nada igual.

Calificación: 8,75

ENTREVISTA con TODD HAYNES

El próximo día 19 de febrero se estrenará en nuestro país el nuevo trabajo del inclasificable director norteamericano Todd Haynes llamado “I’m not there”. Debutó con el cortometraje “Superstar: The Karen Carpenter Store” que actualmente es objeto de culto. Luego se pasó al largometraje y realizó joyas como “Poison” o “Lejos del cielo”. Los que hemos visto el filme alabamos la increible labor de la actriz Cate Blanchet, que está recogiendo premios por todos los festivales por donde pasa. Pero hoy os acercaremos un poco a la figura de Haynes a través de la siguiente entrevista que nos ha cedido amablemente la distribuidora del filme:

¿Qué significa Dylan para ti? ¿Crees que la película puede crear un nuevo interés por Dylan y su trabajo en un público más joven?
Todd Haynes: Los logros artísticos de Dylan no necesitan mi reconocimiento. Hay quienes piensan que es el mayor compositor de todos los tiempos y hay a quienes no les importa en absoluto. Pero como influencia capital en la música popular y la cultura de post guerra, Dylan es incontestable, te guste o no. Él, junto a los Beatles, condujo en su mayor parte los años 60, catalizaron la cultura de su generación. Así que para los jóvenes de hoy en día, que pueden asociarle más con la generación de sus padres, espero que “I’m Not There” ofrezca una visión nueva de esa época, y un retrato excitante de su música.

¿Cómo empezaste los preparativos para la película? Es obvio que viste “Don’t Look Back”, la película sobre Newport, y que has leído su autobiografía, “Chronicles”. ¿Hablaste con amigos cercanos de Dylan como Joan Baez y Suze Rotolo?
T. H.: Al preparar “I’m Not There” empleé tanto tiempo estudiando la historia creativa de Dylan como su historia personal, y con historia creativa quiero decir sus canciones, sus escritos, sus entrevistas, sus películas y todas las obras que le inspiraron. Esto no iba a ser un biopic convencional, así que decidí centrarme en los lugares donde su vida creativa y su vida real se entrecruzan o se reflejan. Leí sus biografías, en realidad, casi todos los libros que se han publicado sobre él. Pienso que esos biógrafos en busca del Dylan real siempre fallaron y que uno no puede encontrar esa verdad si no es a través de alguna clase de ficción. Hablé con Suze Rotolo, que había contactado conmigo. Había oído que pensaba hacer una película sobre Dylan y no quería que tuviera una idea equivocada de ella, como le había ocurrido a los biógrafos anteriores. Le pregunté a que se refería, ya que me parece que siempre salió bien parado en las biografías. “¿Qué es lo que se han dejado?”, le pregunté. “La diversión”, me contestó ella.

¿Cuál fue la inspiración para el casting de cada “versión” de Dylan? ¿Cómo escribiste el guión con Oren? ¿De dónde vienen los diferentes hilos narrativos?
T. H.: Descubrí a Dylan en el instituto, pero dejé de escucharlo durante un tiempo. Entonces a finales de 1999, en un cierto momento de mi vida, me descubrí disfrutando con su música de nuevo. Creo que necesitaba volver a esa especie de energía adolescente que una vez él me transmitió. Estaba abandonando Nueva York, donde había vivido los últimos 15 años, para irme a Portland, Oregon, donde vive mi hermana, para escribir un guión. Algo estaba ocurriendo y no sabía lo que era. Simplemente me sumergí más y más en Dylan, descubriendo todo el material inédito y leyendo cualquier cosa sobre él que cayera en mis manos. Y cuanto más leía, más me daba cuenta de cómo el cambio personal, artístico, etc. había definido su vida. Y la única manera de mostrar eso, era escenificarlo, destilar su vida y su obra en una serie de personajes e historias diferenciados. Los 6 personajes que finalmente emergen parecen encarnar las diferentes personalidades e instintos que conforman su vida, aunque todos tengan su raíz en los 60. Así que mientras escribía el guión para mi última película, “Lejos del Cielo”, el concepto básico y las primeras versiones de “I’m Not There” empezaron a tomar forma. Y para el final de ese primer año en Portland, nos aseguramos los derechos de Dylan para poder seguir. Pero la investigación en serio y la escritura del guión no comenzaron de verdad hasta 2002, cuando se acabó “Lejos del Cielo”. Y entonces es cuando llegó Oren. Un gran escritor y alguien en quien confiaba de verdad. Juntos empezamos a darle forma y darle una duración razonable. Fue un proceso duro pero mucho más divertido que hacerlo solo.

La vida de Dylan está ya muy bien documentada, ¿qué esperas añadir con “I’m Not There” para la comprensión del artista? ¿Cómo esperas que sus fans acojan este replanteamiento?
T. H.:
Básicamente espero acabar con cualquier idea preconcebida sobre Dylan, verlo desde dentro y desde fuera, como persona creativa en un momento y lugar específicos y como verdadera personificación de la diversidad americana, sus conflictos, sus rebeliones y sus tradiciones. Los fans más acérrimos de Dylan son una gente muy apasionada, creí que la película les sumergirá en un intenso debate, con euforia y rabia a la vez.

A la luz de trabajos tuyos anteriores sobre la música como “Superstar” y “Velvet Goldmine”, y tu trabajo con Sonic Youth, ¿por qué elegiste a Dylan?
T. H.:
Me sentiría obligado a hacer una película sobre Dylan aunque no me gustara su música. Es una figura demasiado importante y fascinante para que no sea objeto de una película.

¿Cómo elegiste las canciones de Dylan de entre su vasto catálogo?
T. H.: Las canciones de la película no son necesariamente mis favoritas, ni siquiera las mejores. En primer lugar y lo más importante, tenían que servir al propósito creativo de la película. Pero me parecía que era importante combinar grandes obras maestras como “All Along the Watchtower” o “Visions of Johanna” con canciones menos conocidas e incluso raras, como la que le da título, “I’m Not There”. También sabía que quería una mezcla de grabaciones de Dylan con versiones de artistas contemporáneos. Esto nos daba la oportunidad de seguir ampliando su cuerpo de trabajo, darle nueva vida a sus canciones.

¿Por qué hacer esta película ahora?
T. H.: Las muchas razones para hacerla no fueron obvias para mí cuando lo decidí. Pero los años que empleé desarrollándola, investigando y escribiéndola fueron los años de la administración Bush, de la guerra de Irak. En ocasiones me sentía muy cercano al personaje de Claire, quien se encuentra atrapada e impotente en la guerra de Vietnam, desplegada en televisión. Pienso que mi propia rabia y descreimiento se canalizó a través de ese retrato distante de los 60, que en algunos casos tiene paralelismos con la situación actual, aunque la oposición que se veía entonces fue casi inexistente en el culmen de la era de Bush y Cheney. Me sentí como si escribiera sobre una historia perdida y enterrada, la antítesis de donde nos encontrábamos en ese momento. Hoy, en cambio, las catástrofes de la
era Bush han empujado a la gente en una dirección distinta, para algunos hacia el colapso de la era conservadora que comenzó en los 60, una época mucho más propicia para recibir una película como “I’m Not There” como un poderoso recordatorio de lo que está en juego en una sociedad libre, y de lo que se ha perdido por el camino.

¿Que licencias artísticas te tomaste con la vida de Dylan?
T. H.: La película no está concebida como una relación exacta de los acontecimientos de la vida de Dylan, no es una lista de sus infidelidades o de las drogas que tomó. Dicho esto, en la película aparecen todo este tipo de cosas, sus indulgencias, excesos, agresiones, opiniones polémicas, etc. Pero por suerte, su agencia de management nos animó en todo momento a dar nuestra visión del asunto, algo que no ha dejado de sorprenderme y es algo a lo que la película debe su franqueza y su complejidad.

Dylan es muy reservado y esta es la primera película que aprueba sobre su vida. ¿Cómo le presentaste el proyecto? ¿Qué dijo? ¿Ha tenido alguna aportación al proyecto?
T. H.: Durante toda esta aventura, no he hablado con Dylan. Sé que si lo hubiera pedido, se habría organizado un encuentro. Pero no sentí la necesidad de hablar con él directamente. Jeff Rosen, por otra parte, su manager de siempre, ha estado en estrecho contacto con nosotros. Él fue la primera persona con la que hablamos del proyecto, a través de Jessie, el hijo mayor de Dylan, que es un director independiente de Los Angeles. Jeff me aconsejó que escribiera mi proyecto en una sola hoja, sin hablar del genio de Dylan o el asunto de la voz de una generación. El resultado, una propuesta llamada “I’m Not There: Suposiciones sobre una película referente a Dylan”. Acompañada por algunas de mis películas, la propuesta fue enviada a Dylan para su consideración. Unos meses más tarde, sin duda ayudado por los ánimos de Jeff Rosen, recibimos una carta de Dylan en la que decía “sí”.

¿Por qué elegiste como título “I’m Not There”?
T. H.:
Es el título de una canción rara, no editada, de las famosas sesiones del “Basement Tapes”, grabada con The Band en Woodstock en 1967, mientras Dylan se recuperaba de su accidente de moto. La canción aparece en su forma original y versionada por Sonic Youth. Para mí el título evoca el famoso verso de Rimbaud e ilustra el descolocamiento personal y la estrategia de múltiples Dylan que la película utiliza.

¿Cómo elegiste a los actores?
T. H.:
No podría estar más asombrado con los actores de la película, desde los protagonistas a todos los demás. Básicamente elegí a los mejores actores que pude encontrar, Cate Blanchett, Heath Ledger, Christian Bale, Richard Gere, Ben Wishaw, Charlotte Gainsburg, Julianne Moore… El papel de Jude siempre estuvo pensado para una mujer. Me parecía que era la única manera de resucitar lo extraño de la apariencia física de Dylan en 1966. Desde luego se necesitaba una actriz de la inteligencia de Cate y su habilidad para dotar al personaje de la profundidad y sutileza necesarias.

¿Cuánta libertad le diste a los actores en sus papeles? ¿Cómo mantuviste lo que es esencial para ti de Dylan en cada encarnación?
T. H.:
Durante el desarrollo y la preproducción de la película, proporcioné material audiovisual de Dylan y los referentes estilísticos que iba esbozando para cada una de las historias. Además, hice recopilaciones de canciones y entrevistas de Dylan que inspiraron sus papeles. A nadie se le pidió que le imitara, sino que usaran sus cadencias, su mirada, su aspecto, su estilo, ya que se corresponden con determinados momentos de su vida. El resultado es una gama de interpretaciones de Dylan en profundidad, y el aspecto de los actores, maquillaje, pelo, ropa, etc. fue trabajado junto a ellos como manifestación física del espacio y el tiempo en la vida de Dylan en que se sitúan los hechos.

¿Cuál es tu canción favorita de Dylan y por qué?
T. H.:
No tengo una canción favorita. Mi disco favorito es “Blonde on Blonde”, el primer álbum doble de su era eléctrica, cuya modernidad barroca y su melodrama urbano nunca dejan de asombrarme.